Esos territorios serán grandes protagonistas en la implementación de las acciones que acompañan la construcción de paz (desarrollo de infraestructura, apertura de mercados, desarrollo agropecuario, programas de desminado, sustitución de cultivos de coca, creación de un fondo de tierras, etc.,) por lo que es indispensable tener en cuenta una gran variedad de aspectos de la sostenibilidad ambiental, tanto en la planificación como en implementación de los acuerdos.
En otros países como Ruanda, República del Congo y Angola experimentaron la degradación de su patrimonio ambiental en períodos de posconflicto. Debemos adelantarnos a esta situación para evitar un daño mayor en Colombia.
El Informe Conjunto de la mesa de conversaciones de La Habana reconoce “la necesidad de garan¬tizar un desarrollo sostenible con especial atención a la importancia de proteger y preservar el agua y el medio ambiente” y de establecer “ un plan para delimitar la frontera agrícola y proteger las áreas de especial interés ambiental que incluyen las zonas de reserva forestal, generando alternativas para los pobladores que colin¬dan con ellas o las ocupan y garantizando los principios de participación de las comu¬nidades rurales y de desarrollo sostenible”. Un paso muy positivo en medio de unas negociaciones complejas. Sin embargo, hay muchas más aristas que surgen frente a la sostenibilidad ambiental en la implementación de los acuerdos de paz.
En un documento titulado “Consideraciones ambientales para la construcción de una paz territorial estable, duradera y sostenible en Colombia” se plantean cuatro recomendaciones que deben abordarse en el camino hacia el posconflicto: avanzar en procesos de ordenamiento territorial, que tengan como principal fin la construcción de paz sostenible, es una de las recomendaciones de este reporte. Es indispensable que estos procesos sean concertados entre los gobiernos, los sectores productivos y las comunidades; y que en los mismos se reconozcan tanto los factores ambientales necesarios para un desarrollo con sostenibilidad en el largo plazo, como la vocación de uso de sus suelos y la vocación productiva de su población.
El informe también recomienda ver lo rural más allá de lo agropecuario y desarrollar modelos locales de aprovechamiento sostenible de la gran biodiversidad de Colombia y de los servicios que presta. Esta puede ser la oportunidad para poner en marcha, de forma más contundente, alternativas como el biocomercio, el acceso a recursos genéticos, el pago por servicios ambientales como puede ser la captura de CO2 en los bosques del país, la provisión de agua y el ecoturismo, entre otros.
Lo anterior es de gran importancia si tenemos en cuenta que el 50% del territorio continental del país está cubierto por bosques y otro tanto por importantes complejos de humedales y que los mismos son de relevancia no solo para Colombia sino para la regulación del clima mundial. Por lo tanto, la implementación de la Reforma Rural Integral (el primer acuerdo logrado entre Gobierno y guerrilla en los diálogos que se adelantan en La Habana) implica muchos retos frente a su manejo; en esos territorios es indispensable pensar cuáles son los mejores usos no solo en términos económicos sino también en términos sociales y ambientales.
La tercera de las recomendaciones se refiere a la necesidad de analizar la actividad extractiva – especialmente la minería- y sus implicaciones en la construcción de paz, con el fin de evitar que haya una migración de conflictos socioambientales hacia zonas con potencial minero. La existencia de esos recursos naturales puede constituirse en una oportunidad de desarrollo rural si se resuelven temas institucionales, de distribución de beneficios y de manejo de pasivos ambientales.
Por último, se resalta la necesidad del fortalecimiento técnico y financiero de las instituciones ambientales para la construcción de paz. La implementación de los acuerdos pondrá a prueba la capacidad de interlocución política del sector ambiental para la resolución de conflictos, así como sus estrategias de trabajo interinstitucional, y su habilidad para articular la escala regional y local.
De la incorporación de consideraciones de sostenibilidad ambiental en la planificación e implementación de los acuerdos, dependerá que la construcción de paz se convierta en una oportunidad para desarrollar modelos sostenibles. Ignorar o desconocer los aspectos ambientales en el posacuerdo, podría conducir a la destrucción del patrimonio natural de la Nación y al fracaso social de muchas de las intervenciones que se implementen.
* Coordinador residente y humanitario de Naciones Unidas en Colombia.