Cuando gran parte del territorio nacional no ha podido recuperarse de las inundaciones que hace sólo cuatro meses provocó el fenómeno de ‘La Niña’, la segunda ola invernal ya está haciendo de las suyas y tiene en alerta al Gobierno y a los organismos de emergencia que parecen no dar abasto para controlar los desastres de la naturaleza, en una emergencia que parece interminable.
Sólo este fin de semana dos deslizamientos, uno en Cúcuta y otro en Manizales, arrasaron con 17 y 11 viviendas, respectivamente. A eso se sumó la emergencia ambiental que causaron los aguaceros en la ciénaga de Yariguíes, en Santander, donde murieron cerca de 150.000 peces por el desbordamiento de las aguas negras sobre el río Lebrija.
La situación es crítica y el futuro gris, teniendo en cuenta que el presidente Juan Manuel Santos admitió que lo más difícil está por llegar. “Lo que hemos sufrido en estos últimos meses infortunadamente va a ser peor en los meses venideros”, señaló el sábado el mandatario en Pereira.
Santos reconoció que en muchas regiones ha sido imposible hacer obras de mitigación, porque siguen inundadas o porque continúan buscando zonas de reubicación para reconstruir municipios, como ocurre con Gramalote, en Norte de Santander
En la mayoría de los municipios del Atlántico, afectados por el desbordamiento del río Magdalena tras la ruptura del Canal del Dique, los damnificados siguen viviendo en albergues provisionales a la espera de que los organismos de emergencia saquen el agua de los pueblos y puedan volver a sus hogares.
No es muy diferente el caso de Córdoba, donde las ayudas para los damnificados están a punto de podrirse en las bodegas porque el operador, la Cámara de Comercio de Montería, suspendió la entrega tras la denuncia de la Contraloría por supuestos sobrecostos por $2.200 millones en la compra de mercados para los afectados.
A pesar de los intentos del Gobierno por mitigar la crisis y recaudar fondos para atender a los afectados, los resultados no son contundentes. La nueva ola invernal llega y nos coge mal preparados para enfrentarla.