El proyecto ha sufrido varios reveses que han retrasado su terminación. En abril de 2018, por ejemplo, el taponamiento del túnel de la galería auxiliar de desviación causó afectaciones a más de 5.000 familias y además puso en jaque la seguridad de Puerto Valdivia y en alerta máxima a otros municipios del bajo Cauca antioqueño. Dos años después, los problemas corren por cuenta del coronavirus.
El brote de contagio dentro del proyecto deja como saldo 396 casos positivos, de los cuales 283 están activos, según datos con corte a este 18 de junio. La propagación del virus en Hidroituango se originó tras el cambio de personal que hubo entre el 28 y 29 de abril, cuando llegaron unos 1.200 trabajadores. “Tuvimos unos pacientes sintomáticos empezando el mes de mayo. Se hicieron unas pruebas y tres pacientes dieron positivo para COVID-19. Uno posiblemente venía de Santander y otro de Barrancabermeja. El tercer contagiado es de Ituango, pero reside en Medellín. Desde ese momento empezamos el análisis del brote”, explica Leopoldo Giraldo, coordinador covid departamental encargado de los contagios en el proyecto.
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Ante el inminente brote, la comunidad del municipio de Ituango entró en pánico y el 24 de mayo de este año bloqueó la vía que comunica al proyecto, pues temían que el virus se propagara en la comunidad, teniendo en cuenta que los trabajadores de Hidroituango solían aprovechar los descansos para visitar el municipio. Sin embargo, el cerco epidemiológico desde el inicio de los contagios ayudó a evitar que la pandemia afectara a los habitantes de la zona. “Hemos manejado la situación como un brote confinado. Esos trabajadores no pueden salir mientras no se les hagan las pruebas diagnósticas, porque pueden contaminar a sus familias o a la comunidad”, sostiene Giraldo.
Una de las medidas de las directivas del proyecto hidroeléctrico fue realizar pruebas a todo el equipo (3.710 empleados), que se divide en dos campamentos: un grupo de empleados directos de Empresas Públicas de Medellín (EPM) y otro grupo que integra a los trabajadores del consorcio CCC Ituango. Los positivos fueron trasladados a Medellín y se encuentran aislados en hoteles. “Hay un protocolo de atención con las ARL que tienen a su cargo a los pacientes, pues vienen trabajando con un proceso de atención domiciliaria que se maneja en hoteles”, explica el coordinador covid departamental.
En Hidroituango se adelanta el aislamiento individual de los trabajadores que no están contagiados. A la fecha hay unos 800 en esas condiciones. Una de las estrategias es reducir el número de trabajadores en el proyecto, por lo que se decidió que una buena parte debe ir a descanso. “Tenemos previsto que cerca de mil trabajadores salgan a descanso entre junio y julio, antes de ello, permanecerán en cuarentena durante siete días de manera aislada. Posterior se les aplicará una prueba COVID-19, la cual, una vez resulte negativa, les permitirá poder irse a descanso”, explica Robinson Miranda, director ambiental de la obra.
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Hay 520 trabajadores que se encontraban en aislamiento preventivo, como requisito para regresar a sus hogares, han recibido los resultados de la doble prueba del COVID-19 y en ambos exámenes se confirma que no son portadores del coronavirus, por lo que ya cuentan con el certificado que les permite retornar a sus hogares.
Antes de comenzar el brote en Hidroituango la empresa contaba con 4.200 funcionarios. Las personas mayores de sesenta años, con patologías de enfermedades como cáncer o hipertensión fueron enviadas a casa para un descanso prolongado. Otro grupo, unos 63 empleados, renunciaron por miedo a un posible contagio. “Hay personas que por temor y cansancio han renunciado a estar en el proyecto, eso es autónomo. Uno no puede obligarlos. A ellos les hemos hecho la prueba antes de irse para que tengan el certificado de que son negativos”, dijo William Giraldo, vicepresidente de proyectos de EPM.
Una de las dudas en torno al proyecto hidroeléctrico se debía a que las operaciones no se habían suspendido aun cuando el Decreto 457 de marzo de 2020 ordenaba el cese de todo tipo de actividades para el cumplimiento de la primera fase del aislamiento preventivo obligatorio. Sin embargo, la excepción número 31 del decreto daba vía libre a la continuación de las operaciones de “obras civiles y de construcción, las cuales, por su estado de avance de obra o de sus características, presenten riesgos de estabilidad técnica, amenaza de colapso o requieran acciones de reforzamiento estructural”.
Con un embalse de setenta kilómetros de largo que contendrán 2.720 millones de metros cúbicos de agua, los cuales producirán 2.400 megavatios cada hora, Hidroituango suministrará el 17 % de la energía en Colombia. Sin embargo, los retos han sido mayúsculos, pues lo ocurrido durante la contingencia de 2018 por el taponamiento de uno de los túneles causó unos sobrecostos de aproximadamente $3,9 billones, pasando el valor del proyecto de $11,4 billones a $15,3 billones. En ese momento, el megaproyecto, que empezó en 2010, no se pudo entregar en noviembre de 2018.
La primera unidad estaba prevista para diciembre de 2021, pero se pospuso para el 2022. Para Álvaro Rendón, gerente de EPM, el plazo es uno de los temas más críticos y de mayor impacto en las finanzas de la empresa. “Se ha tenido que desacelerar para atender el COVID-19 y reducir la población interna para poder garantizar el menor número de contagios. Además muchos proveedores no alcanzan a suministrar equipos que requiere el proyecto. Hay muchas empresas que prestan servicios y tienen que venir de países como Brasil y algunos europeos. Todo eso ha impactado el cronograma”, explicó Rendón en una conferencia virtual.
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Para el vicepresidente de proyectos de EPM, es claro que no se puede dejar el proyecto, pues son muchos los riesgos adicionales: “Podría haber deterioro de las obras y afectar a las comunidades aguas abajo. Hay obras como el vertedero, las casa de máquinas, la subestación y algunos túneles (que hay que terminar de estabilizar) que no se pueden dejar solas”.
Las operaciones pueden mantenerse con un personal de mínimo 450 empleados, cifra que se estima podría llegar a darse si el brote aumenta.