Sí, si usted observa, hoy hay muchos conflictos alrededor del agua en todo el país. Acá estuvimos cerca pero logramos reconciliarnos. Esta zona es una tierra de paz, desde hace muchos años. Desde los sesenta, cuando nuestros abuelos empezaron una revolución social ante los abusos de los colonos. En un momento los terratenientes se apropiaron de todo y los pobladores pasaron a ser una especie de esclavos. Entonces tuvieron que armar un sindicato y reclamar justicia. Al final cada uno se quedó con un pedacito de tierra. Pero bueno, esa es otra historia. Lo de ahora gira en torno a la escasez de agua y las discusiones que genera, que nos generó.
¿Cómo ponerles fin a esas disputas? ¿Cómo encontramos un punto de equilibrio que reconciliara nuestras visiones? Era un asunto muy difícil. Pero nosotros, que somos una comunidad de campesinos del oriente de Nariño, tratamos de buscar las respuestas a esas preguntas antes de que las diferencias se convirtieran en conflictos.
En total, aquí en Consacá, que es un municipio que queda en las faldas del Santuario de Fauna y Flora Galeras, vivimos unas 450 familias. Y estábamos empezando a discutir por el agua. Me explico: algunos vivían mucho más cerca de ese parque nacional natural. Desde unos 2.200 metros sobre el nivel del mar (msnm) hasta 2.600 msnm. Y ellos no parecían cuidar de la mejor manera los nacimientos de ríos y quebradas que luego utilizábamos los pobladores de la parte baja, es decir, los que estamos a 1.500 msnm. Y eso hacía que los cultivos de fríjol, maíz, caña y sobre todo café se vieran afectados. A veces las aguas bajaban sin un buen nivel y a veces venían contaminadas. Entonces, los sistemas de riego se veían afectados. Eso es un problema gravísimo en un municipio donde más de tres mil familias dependen de la agricultura.
Así que en 2007 quisimos frenar ese inconveniente porque sentimos que se nos podía escapar de las manos. Sabíamos que era necesaria una reconciliación. Así que nos sentamos a hablar todos. La idea era que nos contáramos nuestras historias y entendiéramos los problemas. Sólo así podíamos entender las oportunidades y las amenazas y encontrar algo por lo que todos lucháramos a largo plazo.
En esos diálogos, que empezaron gracias a la ayuda de Patrimonio Natural, bajo el programa Mosaicos de Conservación, tardamos un año. ¿La conclusión? Todos teníamos que unir fuerzas para proteger un elemento crucial del cual dependen nuestras vidas: el agua. Así que de ahí en adelante íbamos a pensar en el bienestar de todos y no en el de cada uno.
Creamos, entonces, unos corredores de conservación para cuidar nuestros ríos y nuestras quebradas. A los de la parte de arriba, que estaban en la zona amortiguadora del parque natural, les ayudamos a pensar mejores procesos productivos que no afectaran las microcuencas. Cosas tan simples como evitar que el ganado se acercara a esos afluentes permitieron que al cabo de un par de años la calidad y cantidad del agua mejorara notablemente. Tanto que ahora, en veredas como Bomboná, la sequía no ha sido tan evidente.
Pero a la par de ese proceso de diálogos y consenso, que concluimos en 2012, empezamos a pensar en nuevas iniciativas. Por ejemplo, cómo hacíamos para cultivar café orgánico. Así que nos pusimos en esa tarea y hoy ya muchos cultivadores están certificados por Rainforest Alliance. Incluso hoy, varias comunidades cercanas nos buscan para que les contemos cómo logramos llevar a cabo esa estrategia. Fue un gran logro en términos de reconciliación que ahora muchos quieren replicar.