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Perdón por amor a Colombia

Un atracador lo dejó en silla de ruedas hace seis meses, pero el arquero uruguayo no le guarda rencor. “Mi vida cambió. La de él también”, dice.

14 de marzo de 2016 - 11:05 p. m.
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Desde el día que llegué a Colombia tuve una conexión especial con este país. El cariño y el apoyo de la gente siempre me hicieron sentir como en casa, como en mi tierra natal, Uruguay. Por eso, cuando me ocurrió el accidente, en agosto de 2015, jamás se me pasó por la cabeza irme de inmediato de aquí. Mucha gente me pregunta que cómo hice para quedarme después de algo así, pero siempre he creído que lo que me pasó en Colombia pudo suceder en Uruguay, Chile, Argentina o en cualquier lugar del mundo.

Confieso que sí he tenido momentos difíciles, pero ando de la mano de Dios y con él seguiré mi camino, por mi futuro, el de mi familia y el de los niños de Colombia, a quienes quiero ayudar a educar mediante mi club deportivo. Sobre la persona que me disparó, ¿qué puedo decir? Que de mi parte está completamente perdonada. El que me hizo esto es un ser humano y yo no soy nadie para juzgar, porque todos en la vida cometemos errores. Es verdad, su error me cambió la vida, pero la de él también cambió. Cuando me disparó estaba mal de la cabeza. Ahora está cumpliendo una condena y pasará muchos años en prisión, así que no podemos apresurarnos a acusar a los demás. Lo que sí podemos hacer es construir una sociedad mejor, porque no dudo que si esa persona hubiera tenido educación o alguna oportunidad para salir adelante, nada de esto pasaría.

Ahora, seis meses después, estoy dedicado a mi rehabilitación, porque estoy en una etapa muy complicada. Ustedes me ven evolucionar, pero la verdad es que me falta mucho para poder caminar solo. En este momento siento que camino, pero no camino; estoy, pero no estoy. En fin… es algo difícil de explicar. Pero no nos vamos a decir mentiras, estoy mil veces mejor de lo que me pronosticaban los médicos. ¿Recuerdan que recién pasó todo esto decían que no iba a volver a caminar? Pensar en eso y ver todo lo que he logrado me hace sentir muy orgulloso.

Lo que nunca ha cambiado es mi sueño de ayudar a los niños de las zonas de alto riesgo. Sigo comprometido con toda la sociedad para aportar mi testimonio y hacer parte del proceso de formación de muchos niños de bajos recursos, para que podamos crecer juntos. Como ustedes saben, empecé hace un tiempo en Cali y los resultados han sido maravillosos. Ver a tantos niños inscritos y tener la posibilidad de entrenar y compartir con ellos es algo que me llena.

Mi propósito es llegar a Bogotá y después expandir el proyecto por todo el país. Para esto estoy buscando sociedades con empresas privadas y con el Gobierno, porque la idea es que todos hagamos parte de esto y logremos llegar a muchas regiones a lo largo y ancho de Colombia.

Es por todo esto que dejé atrás lo que ocurrió. No voy a negar que las imágenes de mi esposa Andrea gritando cuando me dispararon, de mi hijo Gonzalo bajando las escaleras desesperado o de mi hija Victoria llorando días enteros nunca se borrarán, pero siempre he creído que las personas con odio, rencor y todos esos sentimientos malos en el corazón no llegan a ningún lado. Claro, hay cosas que duelen, pero es importante que logremos como país la reconciliación. Yo intentaré aportar mi granito de arena, porque tengo las ganas y la fuerza en el corazón para educar a nuestros niños. ¿No les parecería muy lindo que el día de mañana nadie le hiciera daño a nadie? ¿Qué tal si trabajamos para lograrlo?

Los dejo con esa maravillosa idea y aprovecho esta oportunidad para mandarle un saludo a toda la gente que siempre está pendiente de mí y me alienta en mi proceso de recuperación. Además, quiero felicitar a El Espectador por su cumpleaños y agradecer por tenerme presente en todos sus proyectos. Eso sí, espero que si hacen fiesta me inviten, porque me estoy esforzando para ser un buen bailarín.

*Adaptación: Gloria Bejarano.

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