El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Renegociar, unidos

La expectativa de paz, un mandato mayoritario en 2014, no se desdibujó, pero no pudo superar las vicisitudes de la política y la debilidad de la economía, impactada por factores externos, pero también por errores de gestión, como el paro camionero, el alza en la tasa de interés y sus efectos en el costo de vida, a lo que una mayoría “mínima” de electores pasaron factura.

03 de octubre de 2016 - 09:56 p. m.
PUBLICIDAD

Los votantes asumieron que se trataba de evaluar un acuerdo de paz y, simultáneamente, la gestión de un gobierno. En este punto, el Centro Democrático, abanderado del No, acertó en su estrategia.

Estando polarizada la opinión, como lo estuvo en las presidenciales de 2014, se puede medir la magnitud y el desplazamiento de las fuerzas políticas. En esa ocasión, con una participación del 48 %, la coalición santista alcanzó el 51 % de las preferencias, mientras el uribismo logró 45 %. Aunque no son elecciones comparables, la menor participación ahora, 38 %, 10 puntos menos que en 2014, significa que la abstención fue mejor para el No.

Las encuestas estuvieron lejos de los resultados y ello se puede explicar por varios factores, pesando mucho la actitud vacilante del vicepresidente Germán Vargas Lleras a lo largo del debate y en los últimos días. En los departamentos de la Costa Atlántica, fortín de Cambio Radical, el Sí pudo ganar, pero incumplió toda expectativa: en casi todos la participación cayó hasta 24 %, muy abajo del promedio nacional (38 %). Pero mientras Óscar Iván Zuluaga consiguió en Atlántico, hace dos años en las presidenciales, 139.000 votos, el No ahora llegó a 168.000 (pese al huracán) y mientras Santos logró 542.000 en la segunda vuelta, el Sí sólo obtuvo 258.000. Santos perdió, puntualmente, allí el plebiscito.

Para el Gobierno, el resultado constituye una derrota innegable que le lleva, en lo que queda de mandato, a iniciar nuevamente el proceso y renegociar los acuerdos incorporando a los diálogos a la oposición y los sectores independientes, como el exalcalde Jaime Castro. No puede desistir en la búsqueda de la paz, aunque tendrá muchos factores en contra, como la ineludible reforma tributaria que deberá complementarse con un ajuste de la regla fiscal. El lío es que hoy no tiene el mismo capital político que antes de ayer, además teniendo “encima” el factor tiempo: lo que se pueda hacer en 2017 es mejor hacerlo unidos.

La gobernabilidad de Santos para reiniciar el proceso de paz o para que sus políticas cobren vida legal pasa por un reajuste de la coalición de gobierno. El resultado del plebiscito no ha hecho sino confirmar el divorcio entre política y ciudadanía: el No pudo ganar con minorías parlamentarias en su apoyo, lo que no deja de ser sorprendente y reafirma el agotamiento de un modelo político que ha desestimado a la opinión, la misma que se expresó el domingo.

Como lo sugerimos repetidamente desde nuestras columnas, al Sí le quedó haciendo falta el pacto político y un jefe de debate en lo interno (sólo al final nombró al expresidente César Gaviria, obstaculizado por Cambio Radical) que aclimatara el acuerdo nacional que ahora resulta indispensable. Mejor tarde que nunca.

@herejesyluis

 

Temas recomendados:

Ver todas las noticias