Después de haber valorado a una paciente, de uno de los consultorios de la clínica The Wala, (que en lengua indígena quiere decir ‘el elegido’), el doctor Julián Bejarano, un médico general graduado de la Universidad Javeriana, de Bogotá, se dirige hacia el consultorio del médico tradicional para remitirle personalmente a la enferma.
Es Mariela Ortiz Aroca, una indígena de 50 años, de la vereda Coyarcó, del municipio de Coyaima. Un año atrás, a ella se le había diagnosticado intolerancia a los carbohidratos.
Según el médico Bejarano, él le dio un tratamiento basado en medicamentos y dieta, pero ahora sufre otros síntomas, como pérdida de peso y disminución de la visión, lo que a primera vista podría significar un serio problema de azúcar.
El doctor Bejarano le ordena exámenes de laboratorio: glicemia, perfil lipídico, parcial de orina, creatinina y una citología…
En la misma clínica, unos pasos más allá, en su consultorio adornado con sombreros de paja y una atarraya en la pared, está Fernando Lozano, El Mohán, un médico indígena de 41 años de edad, robusto, de cabello ondulado y cuello rodeado de collares que hacen honor a sus ancestros.
Ya enterado por su “colega” de los problemas de salud que padece la señora Ortiz, la examina mirando la palma de su mano derecha y el iris de los ojos y corrobora el prediagnóstico de Bejarano. Mientras Mariela se practica las pruebas de laboratorio, le receta un remedio a base de hierbas, con el fin de mermarle el malestar a la enferma.
“Cuando tenga los resultados la vuelvo a valorar y le comento al médico tradicional. Si el azúcar está muy alta, la manejo con medicamento, y si no, entonces con dieta y ejercicio. Pero en cualquiera de los dos casos la paso con el médico tradicional para que él la ayude a controlar sus cifras de azúcar”, asegura el doctor Bejarano.
Mariela, quien visitó al médico profesional hace un año por primera vez, sigue creyendo en la cultura de la medicina aplicada por sus ancestros.
“Nos han capacitado y a nuestra comunidad le han mostrado que es positivo aprovechar los conocimientos y las herramientas de los doctores que se han graduado en la universidad”, dice la indígena, quien comenta que dentro de los resguardos hay ancianos que se resisten a visitar la clínica para hacerse ver de un profesional, porque creen que ofenden a la madre tierra y están traicionando sus creencias.
El doctor Bejarano dice que las capacidades de los médicos tradicionales son muy importantes para que el tratamiento de una persona no se base únicamente en químicos, sino que los remedios sean compensados con plantas. Al mismo tiempo, hace campañas en las veredas para que la comunidad indígena no deseche la medicina occidental, pues gracias a ella también se han salvado muchas vidas.
Por eso la idea de este curioso centro de atención es que en todos los casos actúen los dos médicos. Por ejemplo, a una persona enferma del corazón la atiende el médico occidental, se le hospitaliza si es necesario y se le hace el tratamiento normal, con la misma droga que se le suministraría en cualquier entidad.
Sin embargo, el médico tradicional cumple su tarea, que es ofrecer un remedio vegetal, en este caso, con el fin de purificar la sangre del enfermo que está recibiendo químicos en cantidades perjudiciales para el organismo.
“Así logramos que el afectado se vaya sanando y limpiando de impurezas al mismo tiempo”, señala Lozano.
Bejarano, quien reconoce que la curación a través de la naturaleza ha tomado fuerza como alternativa ante los efectos secundarios de muchas de las drogas procesadas, asegura que sin dejar de lado su profesión, ya es capaz de recetarle a un paciente una cura con plantas, sabiendo que no todos los momentos son propicios para una sanación. Por ejemplo, un purgante solamente debe tomarse en creciente porque el cuerpo está abierto. En otro estado de la luna no da resultado.
“Se han presentado casos en que uno ve que no puede, o que un tratamiento no tiene éxito. Cinco años rodeado de la medicina tradicional me han enseñado que la gente puede sufrir de ojeadas, fríos, descuajes o enfermedades postizas o brujería que la ciencia no toma en cuenta. Entonces a ese paciente se le deja en manos de los mohanes”, explica el médico javeriano.
Lozano, El Mohán, sonríe cuando los pacientes lo llaman doctor: “Existen enfermedades detectables sólo a través de la tecnología y esto nos facilita las cosas”. Según él, se pueden descubrir bacterias, parásitos y triglicéridos a través de las manos, la lengua o los ojos, pero recurrimos a los análisis científicos para medir el porcentaje de éstos en una persona y así poder formular.
Los médicos coinciden en que la medicina no es únicamente el tratamiento de enfermedades, sino un plan de vida que permite vivir en armonía y equilibrio con los semejantes y con la madre tierra.
“Las afecciones provienen de malos sentimientos que dañan a los demás y mantienen a la gente indispuesta”, agrega El Mohán, quien concluye que a la gente no solamente se le examina, sino que se le educa en cuanto a las causas de una enfermedad y su forma de prevención, de acuerdo con las leyes de la naturaleza.
Una lucha que terminó en todo un logro
Manuel Julicué, líder indígena Páez, gerente de la EPS Pijao Salud y la IPS The´Wala, dice que desde hace dos décadas se inició la lucha de los nativos por la recuperación de sus derechos: uno de ellos, aplicar la medicina tradicional.
“A nosotros nos prestaban el servicio de salud, pero no nos reconocían nuestras creencias, costumbres, particularidades y sentimientos”, señala el líder.
Por fin en el año 2001, a través de la Ley 691, el Congreso de la República reglamentó la participación de los grupos étnicos en el Sistema General de Seguridad Social en Colombia. La ley en su artículo primero “garantiza el derecho de acceso y la participación de los pueblos indígenas en los servicios de salud, en condiciones dignas y apropiadas, observando el debido respeto y la protección a la diversidad étnica y cultural de la Nación”.
De esta forma se creó la empresa Pijao Salud (EPS) y se fundó The Wala, la IPS donde se aplica la medicina tradicional, pero sin desconocer la occidental.
Pijao Salud tiene 62 mil afiliados, 3 médicos facultativos y 3 tradicionales.