El presidente Juan Manuel Santos ya puso en marcha su nuevo esquema de gobierno. La semana pasada hizo una reestructuración de su despacho que pretende una mayor verticalidad en el funcionamiento de el Poder Ejecutivo. La idea, que se asimila un poco al manejo de una empresa privada en cuanto a la organización de funciones, le dará al primer mandatario un margen de maniobra mucho más amplio para consolidar su principal proyecto para el cuatrienio: el fin del conflicto.
Con grandes ‘pivotes’ de poder como el vicepresidente Germán Vargas Lleras, en materia de ejecución, y el nuevo ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, encargado de la coordinación de funciones entre ministerios y dependencias para los asuntos claves, Santos tiene un poco más de aire para desarrollar la tarea que, él mismo reconoció, ha quedado pendiente. Y es que, por ejemplo, según los más recientes sondeos de Presidencia, revelados por el mismo Santos el pasado miércoles, el 60% de los colombianos desconoce los avances del proceso de paz.
Por tal motivo, durante la última semana el presidente ha diseñado su agenda con eventos en los que los escenarios son claves para incidir en los sectores que desconocen los avances o todavía no muestran un apoyo pleno al proceso de negociación con las Farc. Militares, inversionistas o estudiantes, han sido algunos de los públicos con los que el presidente ha lidiado en su defensa de un proyecto que, en sus palabras, está basado en la superación de la inequidad y en una mejor educación que consoliden la paz que se construirá durante el posconflicto y del que un acuerdo con la insurgencia es apenas un punto de partida.
Por ejemplo, en escenarios como la base de la Marina en Coveñas, Sucre, Santos ha felicitado a los militares por golpes asestados contra el Eln y las Farc, así como ha reiterado que en las conversaciones con la insurgencia no se está negociando el status de las fuerzas ni la responsabilidad del Estado de asumir su defensa jurídica. Al tiempo, insistió en que «los militares son los más interesados en que, si hay beneficios jurídicos para los guerrilleros, también los haya para ellos. No voy a permitir lo que ya pasó, que un guerrillero sea amnistiado mientras un soldado que le combatió es condenado a 30 años de prisión».
Los empresarios han sido otro de los nichos que ha buscado el primer mandatario para hacer todo tipo de claridades respecto a las implicaciones de las conversaciones con la guerrilla. Por ejemplo, en la clausura del Congreso de la Confederación Colombiana de Cámaras de Comercio, Santos sostuvo que «no estamos improvisando nada y nada de lo que se está negociando en La Habana (Cuba) afecta los intereses de los empresarios. Ayúdennos a replicar en qué consiste este esfuerzo, entre los empresarios, entre los actores regionales».
De una u otra manera, los empresarios le han hecho el guiño y a ese ambiente pedagógico que Santos ha tratado de crear se ha sumado la campaña ‘Soy capaz’. Aunque el sector privado ha sido claro en que esta campaña publicitaria de ‘ponerse en los zapatos del otro’ no depende del gobierno, ni de la mesa de conversaciones con las Farc, está claro que la apuesta es generar un clima de reconciliación que redunde en una mayor disposición de la ciudadanía a ‘tragarse los sapos’ y recibir los beneficios de un eventual fin del conflicto.
Otro de los públicos de Santos ha sido la academia. Por ejemplo, hoy, en Popayán, el presidente en una de sus semanales ‘clases’, esta vez en la Escuela Normal de Popayán, explicó su programa de bilingüismo, anunció un plan de becas para estudiantes de colegios públicos y salió en defensa del Impuesto al Patrimonio. El gobernante argumentó que esa contribución «solamente la va a pagar una quinta parte del uno por ciento de los colombianos. Pero eso va a beneficiar a millones de niños con mejor educación. Eso también es buscar equidad y eso es sembrar la paz. Por eso yo les pido a los que tenemos, porque yo me incluyo en ellos, que paguemos ese impuesto al patrimonio, que lo hagamos porque eso es la mejor inversión que podemos hacer para el futuro de este país, para el futuro de estos niños. Por la paz».
Los que conocen las prioridades del Ejecutivo dicen que la pedagogía por la paz va a ser la prioridad en la agenda de gobierno, en parte, eso justifica el que algunas de sus funciones hayan sido delegadas al vicepresidente Vargas Lleras y que el ministro de la Presidencia se vaya a encargar de decantar su agenda. En últimas, Santos sabe que por más que la negociación sea exitosa y esté siendo reconocida por intelectuales, políticos y comunidad internacional como pionera, nada habrá bastado si los colombianos no refrendan los acuerdos alcanzados con las guerrillas en las urnas.
No deja de ser una contrariedad que en los últimos sondeos de opinión, específicamente en la última encuesta bimestral Gallup, la gestión del presidente no haya sido reconocida mayoritariamente a excepción de lo relativo al proceso de paz. Llegó así la hora para que los diferentes ministros y funcionarios empiecen a producir resultados en las materias que los colombianos le critican al mandato de la Unidad Nacional. Está claro que con el 49% de los colombianos desaprobando su gestión, frente a un 44% que sí la respalda, va a ser difícil llegar a un país reconciliado o por lo menos convencido de que el proyecto nacional es la paz, como parece pensarlo Santos.