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Se va a caer… y se cayó

El desastre vial en Santander sigue agravándose. A sus defectuosas comunicaciones se suman ahora los daños del río Sogamoso, que aisló a San Vicente de El Carmen de Chucurí.

03 de marzo de 2011 - 04:26 p. m.
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Ya no cabe la menor duda. Santander, como lo admitió hace tres años el gobernador Horacio Serpa Uribe, tiene las peores carreteras de Colombia. Quedó comprobado con la caída en las últimas horas del puente El Tablazo, que comunica a Bucaramanga con San Vicente de Chucurí, El Carmen y un vasto sector del Magdalena Medio.

Las alarmas se encendieron desde el pasado 16 de diciembre, cuando la falla geológica de La Leona, los coluviones que se derivan de ella y el crudo invierno causaron el desastre en la vía Bucaramanga-Barrancabermeja y de paso el puente de El Tablazo también resultó afectado.

Uno de los estribos de esta estructura metálica construida hace 70 años se hundió más de un metro y provocó que la zona,  una de las principales despensas agrícolas del nororiente colombiano quedara aislada. Sus 40.000 habitantes no tuvieron otra salida que el trayecto de ocho horas por Betulia-Zapatoca-Bucaramanga, una trocha que evoca el siglo XIX y las aventuras del alemán Geo von Lengüerke.

Hasta que este miércoles la corriente turbulenta del río Sogamoso arrastró los cimientos de la estructura, arrebatándole la vida al obrero José Alberto Badillo, dejando dos heridos más -James Anderson Vivas y Rubiela Hernández – y por lo menos una mujer (Laura Andrea Torres), un niño de siete años (Jorge Eliécer Monsalve) y un motociclista no identificado.

Desde la madrugada,  policías y voluntarios de la Defensa Civil, bomberos y pescadores emprendieron el rescate, pero un aguacero obligó la suspensión de las labores.

“El puente sufrió una avería con ocasión del anterior invierno. Advertidos de esa situación en esta vía departamental, la Gobernación dispuso de una urgencia manifiesta y asignó $1.500 millones para que destaparan la carretera y se arreglara el puente”, declaró ayer  Serpa Uribe, a quien desde hace más de dos meses le han llovido críticas de avicultores, ganaderos, cacaoteros, cafeteros, palmicultores, finqueros y ciudadanos que cada día se despiertan con la incertidumbre de quedar aislados.

Precisamente los desesperados avicultores agrupados en Fenavi denunciaron que “las soluciones no se ven. Miles de familias, 40.000 empleos directos y 78.000 indirectos, quedarán a la deriva por una situación que hoy nos lleva a replantear el norte de nuestra actividad”.

“Garantizar el tránsito permanente por las vías que nos comunican con el resto del país y muy especialmente con la Costa Atlántica y el Magdalena Medio, es lo mínimo que esperamos de los Gobiernos Departamental y Nacional”, manifestó Fenavi.

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“No sólo está en juego la industria avícola -responsable de la producción del 25% de huevo y pollo del país-; sino el futuro del aparato productivo de Santander”, dijeron los avicultores que, contemplan la idea de ‘levantar vuelo’ para trasladar sus galpones y plantas de sacrificio a Valle y la Costa Atlántica.

El presidente de la Federación Nacional de Cacaoteros, José Omar Pinzón, reiteró su alerta por el colapso de la que es considerada la capital cacaotera de Colombia, y pidió a Serpa que cuanto antes presente los proyectos de arreglo a las vías, tal como lo exigió el ministro del Transporte, Germán Cardona, quien afirmó que hasta el momento ningún mandatario seccional ha hecho la tarea y hay $300.000 millones para tal propósito.

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El secretario departamental de Infraestructura, Édgar Augusto Pedraza, manifestó que “el contratista había recuperado dos kilómetros de vía que se habían perdido… Estábamos tratando de recuperar el puente y se presenta esta situación. Lo más seguro es que atendamos vías alternas mientras se construye un puente militar”.

La alcaldesa de San Vicente, Emilce Suárez , lanzó un S.O.S. y señaló que “lo único que estamos esperando con el gobernador, Isagen y el Ejército es que se pueda ubicar un puente móvil para hagan el trasbordo como veníamos haciéndolo”, pero nadie se comprometió con una fecha de instalación.  Además, Invías le mañifestó ayer a Serpa que no tiene disponibles estructuras de este tipo para facilitarles.

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Trasbordo es el remedio temporal que también se dio por más de un mes y medio en la vía a Barrancabermeja. Por $20.000,  una buseta lleva a los pasajeros hasta una orilla y en la otra los recoge un vehículo de la misma empresa.

Mientras sus habitantes gastan sus últimas reservas de paciencia, no tendrán más alternativas que tomar la trocha a Zapatoca, buscar la variante por La Fortuna -que está en mejores condiciones pero de todas maneras implica seis horas de recorrido-, o irse por El Carmen, en cuyo caso el viaje se convierte en una pesadilla de 12 horas.

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La angustia de los santandereanos es que la vía que colapsó quedará inundada cuando concluya dentro de dos años la construcción de la central hidroeléctrica Hidrosogamoso y no se ven los avances de la nueva carretera, por lo que el montaje de un puente tipo militar puede ser la excusa para no invertir más recursos en la vía y responsabilizar de una próxima catástrofe a la inestabilidad del terreno o a la ola invernal que viene acompañada del fenómeno de La Niña.

Hechos que llevan al vicepresidente de Desarrollo e Inversión Regional de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, ingeniero Félix Jaimes Lasprilla, a afirmar que hay que superar “intereses, egos, diagnósticos, historia y causas”, y poner manos en la obra.

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Su diagnóstico es perentorio: se debe realizar el diseño de la vía definitiva -por fuera de los coluviones- entre Bucaramanga y Barrancabermeja y la inmediata construcción de los 20 kilómetros, así  como la rehabilitación del antiguo corredor férreo Café Madrid-Sabana de Torres con el diseño y construcción de 65 kilómetros, y el mantenimiento de la transitabilidad para todo tipo de vehículos entre Bucaramanga y San Alberto (Cesar) y Bucaramanga-Barranca.

“No lograr lo expuesto significará que la tan cacareada Bucaramanga competitiva y global se convierta en la Bucaramanga inviable”, concluyó.

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