El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Tras la pista de “Otoniel”

Ya van 28 fincas, 14 apartamentos, una casa, siete garajes, ocho lotes, 68 vehículos y nueve establecimientos identificados como propiedad del clan Úsuga, avaluados en $187.240’000.000, de los cuales, $107.100’800.000 son objeto de extinción de dominio.

20 de septiembre de 2015 - 09:00 p. m.
PUBLICIDAD

Como si se tratara de pedir cualquier mercancía, los jefes del clan Úsuga piden mujeres a domicilio, ya sea para pasar un rato o la noche entera. Y no son cualquier tipo de mujeres, son niñas de 12 a 16 años de edad, reclutadas por una extensa red de proxenetas.

En la grabación telefónica se refieren a las mujeres vírgenes como “0 kilómetros”, describen a alias Otoniel como el “papá” y queda evidenciado como una proxeneta está dispuesta a vender el cuerpo de su propia hermana. “Yo le iba a llevar a mi hermanita pero no”, relata una de las proxenetas, a lo que responde uno de los jefes: “¿No qué? Si no está la 0 kilómetros entonces que venga su hermanita, dispuesta a lo que pase”. A lo que responde la proxeneta: “¿Y con quién, con su papá? Dígale a él que yo le llevo la pelada, pero que sea con él, que no sea con otro atarbán”.

Y así continúan por más de dos minutos y medio. Piden niñitas para prostituir, para violarlas a cambio de unos pesos.

Las recogen en su casa, normalmente en cuatrimotos o en carros, y las llevan a la selva. Algunas de ellas se quedan como amantes permanentes a cambio de una camioneta cuatro puertas, de una suma mensual para los padres o de unas cuantas cirugías estéticas. Hay otras que simplemente son desechadas.

El equipo de Los Informantes, junto con la Policía, se desplazó en un helicóptero hacia una montaña selvática. Previamente un comando se encargó de despejar el área para aterrizar cerca de un campamento de este clan.

Ya en tierra y pasando unos árboles de más de 10 metros, se empezó a ver una hoguera. Se sentía la tensión. Había unos 50 policías armados y dispersos cuidando la zona. Más adentro, una barra de ejercicios y un par de carpas improvisadas, sostenidas por cuatro palos con techo de tela. Debajo, dos colchonetas extendidas encima de unos troncos.

En ese tipo de carpas improvisadas era donde alias Otoniel y sus secuaces conocidos como Gavilán e Inglaterra violaban a las niñas. En este lugar, se rifaban y se repartían mujercitas como si se tratara de un macabro juego.

Es que la red de proxenetas son varias mujeres, más o menos de 30 años, que van a los colegios y les piden a las niñas que se tomen fotos desde su mismo celular y se las envíen a un correo electrónico. Con éstas, arman un improvisado catálogo en el que no solo reposan las fotos, también van los precios. Una niña de Apartadó, Turbo o Necoclí puede costar unos $800.000, una de Montería puede costar $2 millones, de Medellín $3 millones y si son modelos, el precio varía entre $4 y $5 millones.

No ad for you

Pero eso no es todo. El equipo periodístico de Los Informantes pudo estar en una de las fincas de propiedad de este clan.

Una piscina de dos niveles con dos jacuzzis, dos canchas de fútbol, una en pasto y otra en cemento, cuatro casas con techo verde, con más de 400 metros cuadrados, y un lago artificial, hacían de este lugar una finca de recreo, de diversión. En una de las canchas de fútbol hay un mural con el logo del equipo predilecto del jefe del clan, Santa Fe.

No ad for you

El piso de la casa principal esta enchapado en mármol. Unos diez cuartos, y en el que dormía Otoniel, un colchón doble y una figura de la torre Eiffel. Afuera, un balcón de por lo menos 100 metros cuadrados con vista a la piscina y al lago.

Y es que desde el aire se detectan fácilmente cuáles son las propiedades de este clan. A unos 10 kilómetros de ahí, otra finca, con tres casas de unos 500 metros cuadrados, un lago artificial, y una pista de trocha para entrenar caballos de competencia.

No ad for you

La Policía dice que Otoniel tiene los días contados y que él lo sabe. La Policía y la DEA han intensificado la búsqueda. De hecho, el Departamento de Estado de Estados Unidos está ofreciendo US$5 millones de recompensa, US$1,8 millones más de lo que dan por El Chapo Guzmán, el narco mexicano recién fugado de una cárcel de ese país.

En los esfuerzos de la policía y la DEA ya van 28 fincas, 14 apartamentos, una casa, siete garajes, ocho lotes, 68 vehículos y nueve establecimientos identificados como propiedad de este clan, avaluados en $187.240’000.000, de los cuales, $107.100’800.000 ya están en proceso de extinción de dominio.

No ad for you

Hace cinco meses las autoridades de policía detectaron que alias Otoniel ha ido expandiendo su portafolio criminal y ahora es dueño del tráfico de personas que ingresan ilegalmente al sur del país con rumbo hacia Estados Unidos o México. El jefe del clan Úsuga envía buses hasta Ipiales y a otros puntos fronterizos con Ecuador y algunos con Venezuela para recoger inmigrantes que vienen desde Asia, Europa Oriental, Cuba, Haití y África, y los dejan en el golfo de Urabá para ser transportados vía marítima hacia Panamá.

La Policía Nacional dice que le está pisando los talones. Cada dos o tres horas, Otoniel debe cambiar de lugar, porque sabe que están muy cerca. El mismo general José Ángel Mendoza Guzmán, comandante de región de Policía Nº 6, dijo: “Alias Otoniel tiene los días contados, sin lugar a duda. Es más, él también lo sabe, solo que es un terco y como no se ha entregado, va a terminar como han terminado todos sus antecesores. Aquí no hay ninguno que se haya salvado. Pudimos con Pablo Escobar, podemos con cualquiera, sin lugar a duda”.

Temas recomendados:

DEA

Ver todas las noticias