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Uribe y las Farc, ¿juntos en el Congreso?

El exmandatario ya anunció que va de cabeza de lista al Senado. La guerrilla ha planteado la posibilidad de que se les asignen curules directas.

24 de septiembre de 2013 - 10:29 a. m.
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El escenario es hipotético pero posible. El expresidente Álvaro Uribe y miembros de las Farc –no necesariamente de su Estado Mayor, aunque es también una opción—podrían compartir curules en el Congreso de la República. Ya el exmandatario anunció que buscará un escaño en el Senado a nombre de su movimiento, el Centro Democrático, mientras que Gobierno y guerrilla discuten actualmente en La Habana los términos de una posible participación en política electoral de la subversión, en caso de concretarse un acuerdo para el fin del conflicto.

Incluso ya se han contemplado opciones: por ejemplo, devolverles a las Farc las curules que llegó a tener la Unión Patriótica, antes del exterminio a que fue sometido ese movimiento político surgido de las negociaciones con el gobierno de Belisario Betancur en 1985. Se calcula que podrían ser unas 12, entre Senado y Cámara de Representantes. También se ha hablado de entregarles directamente varios escaños en el Legislativo, con la obligación de mantenerlos en futuras contiendas electorales, sometiéndose al dictamen de las urnas. Para eso, se ha propuesto una circunscripción especial de paz y el número dependería de lo acordado con el Gobierno.

En medio de la discusión están los beneficios que se otorgarían a los jefes guerrilleros, que en criterio de muchos juristas, no podrían llegar al Congreso por tener condenas por crímenes atroces y delitos de lesa humanidad. Pero ya algunos de los negociadores de las Farc han señalado desde La Habana que la firma de la paz tendría que pasar necesariamente por un acuerdo mediante el cual se eliminen cualquier prohibición o impedimento que pueda afectar el ejercicio de cualquiera de esas investiduras por parte de las organizaciones guerrilleras. Y hasta hablan de redefinir el umbral electoral y las mismas garantías electorales, como la financiación estatal de las campañas.

En agosto pasado, en una de sus tantas declaraciones públicas, el vocero de la delegación de las Farc en Cuba, ‘Iván Márquez’, explicó que, tras la firma de un eventual acuerdo, el Estado deberá “comprometerse a proveer los cambios institucionales, excepcionales y transitorios, que se requieran para garantizar la participación directa en el poder legislativo, en las asambleas departamentales y en los concejos municipales durante los períodos que se determinen”. Y el mismo ‘Márquez’ es de los que ha dicho que desea hacer política “de manera abierta y legal”.

Por eso, no resulta tan fuera de contexto pensar en que el expresidente Uribe y miembros de la guerrilla compartan asientos en el Legislativo, una situación que para algunos congresistas consultados por El Espectador tiene mucho de positivo.

Por ejemplo, el presidente del Congreso, senador Juan Fernando Cristo, es de los que cree que ese sería el escenario ideal de la democracia colombiana: “Sería muy bueno que la ultraderecha, representada por Uribe y la extrema izquierda, representada por las Farc, tengan un espacio en el Capitolio para debatir sus agudas contradicciones de una manera pacífica, democrática y tranquila”, manifestó.

Y es que según Cristo, nuestra democracia sólo será plena cuando la violencia desaparezca del país y el proceso de paz que negocian actualmente el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc en Cuba es un primer paso: “Es que ese es uno de los objetivo de los diálogos, comenzar a construir una verdadera democracia (…) y la presencia de Uribe y de voceros de las Farc en el Congreso, después de que estas hayan dejado las armas, sin duda sería una buena noticia para el país”.

Para el senador conservador Juan Manuel Corzo, no se trata sólo de Uribe y de las Farc sino de todos los sectores políticos nacionales y de gente de diferentes tendencias. “De eso se trata la democracia y es positivo. Creo que Colombia va a tender hacia eso, hacia definiciones filosóficas sobre qué modelo de gobierno es el que se quiere. La izquierda, los de centro, los de derecha, todos tendrán que definirse por unas líneas muy claras y creo que eso es lo que le falta al país, que la gente y los partidos se definan en dónde es que quieren estar”, señaló.

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Otro senador conservador, Roberto Gerlein, piensa también que es mejor ver a la guerrilla convertida en un partido político que echando bala en el monte. “Quiero que sean partido, que participen en los debates; quiero que vayan a las plazas, a las calles a decir qué piensan sobre la realidad nacional. Aun así hay que entender que las Farc son agraristas y regionalistas. De ahí que, no veo a las Farc como un movimiento político nacional. Esa petición de que haya una circunscripción especial para ellos, a la cual puedan concurrir sus delegados sin pasar por el proceso electoral, le indica a cualquiera que las Farc quieren ir al Congreso, pero no a las elecciones porque no se sienten fuertes”, dijo.

Sea como sea, no se puede negar que un debate entre el uribismo y las Farc en el Capitolio sería como para alquilar. Porque eso sí, seguramente ambos tienen muchas cosas por decirse, y solo quedaría pedir que ese pulso fuera de ideas y de visiones de país, sin insultos. Algo que, dice un congresista en voz baja, será muy difícil de lograr con tantos años de odio acumulado.

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