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Viviendo con el enemigo

Medicina Legal lanzó un informe en el que se detalla que, entre 2004 y 2011, unos 10 mil ancianos fueron agredidos.

17 de marzo de 2012 - 04:00 p. m.
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En los últimos ocho años, a 9.792 adultos mayores colombianos les hubiera correspondido un mejor destino en un geriátrico que en sus casas. Sus parientes los molieron a golpes, los humillaron con saña, los convencieron de que la vejez es un lastre, de que ser anciano es connatural al desprecio y el castigo es la cuarentena. En casi la mitad de esos casos el agresor fue su hijo. Se han rastreado episodios insólitos en los que para un viejo tener una pensión ya es poco seguro en su hogar. Los ladrones están en la familia. Si hay herencias la cosa se pone más fea. Qué ironía.

Colombia maltrata a los abuelos. Suena a titular exagerado, a conclusión fácil, pero ya Medicina Legal dio la voz de alerta. El subregistro, advirtió la entidad, es un antifaz bajo el cual se oculta una cruenta realidad y se acentúa con cada ocasión en que el anciano maltratado no pudo salir a la calle a denunciar, o con cada oportunidad en que a éste la vida le recordó que sus comidas y su techo dependen de ése que lo violenta. En promedio, cada día al menos tres ancianos son maltratados. Medicina Legal escarbó reportes forenses de 2004 a 2011 para encontrar que, además, 88 personas mayores de 60 años fueron asesinadas en el ámbito familiar. El 37% de las veces el responsable fue un hijo.

Medicina Legal ignora con qué elementos son asesinados los adultos mayores. Su director, Carlos Eduardo Valdés, sin embargo, sí señaló que “predominan las lesiones tipo contundente”, dejando entrever que en tantos casos no fue la premeditación, sino el fragor de las discusiones la tarjeta de invitación para la muerte. En las unidades de Armonía y Unidad Familiar de la Fiscalía se arruman cientos de expedientes que no integran las estadísticas de Medicina Legal, pero que describen en detalle las situaciones que algunas familias encierran en las cuatro paredes que los resguardan. Casos que sostienen la tesis de que, en cuanto a violencia contra viejos se trata, suelen ser los asuntos de dinero el punto de partida.

“Usted es una vieja hijueputa, así como lo son sus hijos que se gastaron la plata de mi papá”. Ese tipo de frases, cargadas con el más profundo resentimiento, empezó Ofelia Esguerra* a escuchar en 1996. Su hijo le reclamaba con frecuencia el manejo que ella le había dado al dinero que había dejado su difunto marido. Ni la majestad de ser una octogenaria la salvó de que su hija disparara acusaciones como “¡de qué respeto me habla, si usted fue más puta que yo!”, cuando Ofelia se negaba a permitirle entrar hombres a la casa a pasar la noche con ella.

La historia de Ofelia tuvo lugar en Bogotá, ciudad que, asevera Medicina Legal, ocupa el primer lugar en cantidad de denuncias hechas por agresiones a adultos mayores. Encima, su caso también era muestra de lo que dicen los expertos: que la violencia intrafamiliar suele ser un círculo de los más perjudiciales. A Ofelia la llamaron a conciliar con sus hijos, pero el acuerdo nunca llegó. Funcionarios de la Fiscalía la entrevistaron y notaron que ella era incapaz de admitir que, de igual forma, ella emanaba agresividad hacia sus hijos.

Hace unos meses la Fiscalía se encontró con el episodio de José María Molina, quien por cuenta de los golpes que le propinó su hijo resultó con una incapacidad de 12 días. José María, 71 años, no quería que la novia de su hijo se quedara a dormir en su residencia. El hijo reaccionó con violencia y, aprovechando que el anciano había tropezado con sus propias chancletas, descargó una lluvia de puños en su cara. Tomó luego un objeto que su padre no pudo identificar, y con éste le pegó en la cabeza y lo descalabró. El viejo, sangrando como estaba, consiguió levantarse, ir a la azotea y sacar un machete. Su esposa, al verlo, comenzó a gritar a todo pulmón que iban a matar al hijo. En el entretanto, el nieto de José María había llamado a la Policía. Los exaltados ánimos de todos se apaciguaron con la llegada de los patrulleros. La Fiscalía los citó a una audiencia de conciliación, a la que ninguno asistió.

Las leyes colombianas indican que, cuando se presenta un caso de violencia intrafamiliar, sólo una denuncia por parte de las víctimas o sus parientes puede impulsar una respuesta por parte de la justicia. Durante cuatro años, entre 2007 y 2011, esta mecánica había cambiado y cualquier caso de violencia doméstica representaba la apertura de una investigación de oficio, tal como sucede cuando ocurre, por ejemplo, un asesinato. El año pasado, sin embargo, la norma se modificó de nuevo, pero para quedar igual que antes. No son pocos los fiscales que advierten el retroceso que este cambio representa, pues bien saben que no siempre las víctimas están dispuestas a denunciar a su agresor. Dicen que el delito se torna prácticamente invisible en estas circunstancias.

Porque la Fiscalía podía actuar aun sin una denuncia de las víctimas de por medio fue que el ente investigativo conoció el caso de Alicia Santos*, a quien su esposo habría vuelto una farmacodependiente para poderla manipular a sus anchas. Fue una vecina la que envió un anónimo para que las autoridades supieran del caso, de los hematomas que a veces le deformaban la cara, de cómo el segundo esposo la había alejado de los hijos de su primer matrimonio, de cómo sus CDT y propiedades parecían ser el quid del asunto. A la mujer tuvieron que internarla en una clínica donde le diagnosticaron depresión y encontraron que tenía ideas estructuradas de suicidio y agresividad.

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“Con este informe estamos aportando datos para que se tomen medidas preventivas y correctivas. La violencia contra los adultos mayores se está incrementando y estamos alertando a todos los estamentos. Debemos ser más conscientes de que el adulto mayor es una persona muy frágil a todo tipo de agresión. El panorama es realmente preocupante”, asegura Valdés.

* Nombres modificados para guardar la privacidad de las víctimas.

Tendencias preocupantes

Hombres, más agredidos

Los adultos mayores hombres son más agredidos por miembros de su familia, aunque la diferencia con el número de mujeres violentadas es estrecha. Con lo que a homicidios se refiere, de nuevo los hombres son los que más son asesinados.

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Enero, mes fatídico

El estudio descubrió que año tras año, entre 2004 y 2011, fue enero el mes en que más asesinatos de ancianos se presentaron. El 13% del total sucedieron ese mes. Asimismo, el domingo, el día en que las familias pasan más tiempo juntas, es, además, durante el cual ocurren más homicidios y agresiones.

El subregistro es mayor

El hecho de que algunos adultos mayores no tengan las facultades para acercarse a las autoridades a denunciar y que, en ocasiones, dependan de su propio atacante, indica que el subregistro de agresiones puede ser mayor de las cifras que actualmente se conocen.

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Hijos contra madres

Con respecto a los homicidios de ancianas, el estudio encontró que detrás de la mayoría de los casos estuvo el hijo de la víctima. Por su parte, con referencia a las agresiones, los hombres son los más violentados por sus propios hijos.

Viviendas inseguras

En muchos casos, los hogares no son lugares seguros para los ancianos. Las viviendas fueron donde se presentaron la mayoría de los homicidios y las agresiones por parte de familiares contra sus adultos mayores, seguidas muy de lejos por las calles.

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Sólo para estratos bajos

Con respecto a la violencia doméstica, la Fiscalía considera que, probablemente, el subregistro sea mucho mayor en los estratos altos. El organismo ha identificado que la mayoría de denunciantes de violencia intrafamiliar pertenecen a estratos bajos. Los fiscales tienen claro que esta situación obedece al hecho de que las personas de estratos más altos sienten inmensa vergüenza al denunciar que han sido objeto de algún tipo de ataque dentro de su propia casa. La Fiscalía también está a la espera de que el Congreso revise la norma con que de nuevo se exige que, en caso de violencia familiar, sólo se puede iniciar un expediente procesal si la víctima presentó el denuncio.

Ver infografía.

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