Lo que sobran son imágenes de la tragedia invernal en el país. Viviendas bajo montañas desplomadas, pueblos y barrios de grandes ciudades inundados por los aguaceros, ríos desbordados y grandes estructuras y vías de comunicación a punto de colapsar.
Pero durante la última semana se hizo aún más común una igualmente preocupante: la de muchedumbres haciendo fila en torno a un carrotanque o un río para proveerse de agua, bañarse o lavar sus ropas. Todo porque el mismo invierno que dejó a miles sin carreteras o viviendas, averió de manera directa o indirecta los acueductos y los puso a vivir como en el siglo XIX: llenando tinajas y buscando nacederos del líquido a los que sólo pueden acceder —ahí sí a la moda del siglo XXI— con restricción al estilo del pico y placa.
No se sabe en dónde es más grave la situación. Manizales, Riohacha y Cúcuta son las tres capitales en las que no existe servicio de agua por estos días, o se presta tan sólo en algunas zonas y con interrupciones. Pero hay por lo menos 10 municipios más en la misma situación y hoy mismo habrá restricción en el servicio para los habitantes de la localidad de Chapinero, en Bogotá, precisamente porque el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) hará trabajos en la zona de derrumbes de la Avenida Circunvalar, lo que obliga al cierre durante 24 horas de la línea de distribución de agua del tanque del Chicó.
Pero si los habitantes del oriente de la capital del país se las tendrán que arreglar por un día con sus recipientes de almacenamiento, no todos los colombianos la tendrán tan fácil. El desastre ambiental por el derrumbe que causó una avería en el punto 32 del oleoducto Caño Limón-Coveñas y ocasionó la caída de petróleo al río Pamplonita, en Norte de Santander, incluye a Cúcuta, ciudad que se provee de líquido de dicho afluente. Por el momento, el agua sólo puede hacerse llegar por medio de carrotanques (ya han sido enviados 34) para proveer 26 puntos de acopio. De los 2.500 barriles de crudo que provocaron la tragedia, sólo 270 habían sido recolectados el martes.
El temor de los 22.000 afectados en esa ciudad llevó al gobierno local a buscar un acuerdo para abastecerse desde Táchira, Venezuela, mientras la imagen del gobernador William Villamizar aparece por los medios locales casi que suplicándole a la gente que use el agua de los carrotanques sólo para consumo humano.
La avalancha provocada hace 15 días por el río Tapia sobre la bocatoma del acueducto de Riohacha tiene a 170.000 habitantes de la capital de La Guajira en similar situación. Hasta allí llegó el Gobierno para monitorear la reparación y los mecanismos de contingencia para paliar la crisis. La ministra de Vivienda, Beatriz Uribe pudo constatar que muchos lugareños deben ir hasta el río a buscar agua para lavar la ropa o bañarse. Aunque la empresa privada dice que la situación se puede sortear con 15 carrotanques para llevar agua potable a las casas, la funcionaria reconoce que se necesita el triple.
Y en Manizales la tragedia no cede. Apenas hoy entraría a funcionar el puente militar que está en construcción desde comienzos de semana en la vía de acceso a la planta de Gallinazo. Sin esa estructura metálica es imposible llegar al punto en el que deben instalarse dos tubos para sustituir los de 28 y 30 pulgadas que se rompieron tras una avalancha ocurrida la semana pasada en el río Chinchiná. La ciudad ya lleva tres semanas sin agua por casos semejantes.
Una nueva dimensión de los problemas que afronta Colombia por cuenta de la temporada de lluvias y que, como dice el adagio popular, tiene al país “sucio y con el agua lejos”.