Me alegré mucho, pero caí en cuenta de que estaba declinando la tarde y ya no tenía tiempo de regresar a Bogotá. Se presentó la opción de estar temprano al día siguiente en Cartagena, en donde recogerían al señor presidente, pero no tenía ropa ni pasaporte. Me iba a perder de algo grande.
Una hora después me llamaron telefónicamente para comentarme que se había cancelado el viaje. Pensé que se trataba del acuerdo sobre justicia, del que los medios de comunicación hablaban con insistencia, relacionándolo con la visita a la isla del papa Francisco. Algo había fallado a último momento.
En plena campaña electoral, llegando a Pailitas, Cesar, recibí la invitación de acompañar al presidente Juan Manuel Santos a La Habana (Cuba), donde al día siguiente se firmaría un acuerdo de enorme trascendencia para la paz con las Farc.
Tres días después se repitió la invitación. Algunos miembros de las comisiones de paz del Congreso acompañaríamos al jefe del Estado a la firma del acuerdo sobre justicia, lo que me pareció sensacional. Como un componente del tema sobre víctimas, era el más difícil de lograr. La paz estaba cerca.
Contentos, fuimos al Centro de Convenciones, en donde había estado varias veces en diferentes foros. Se destacaba la elegancia del representante Telésforo Pedraza. Al cabo de una hora larga, aprovechada para saludos y especulaciones, llegó el momento esperado.
Me senté al lado de Álvaro Leyva y me di cuenta cuando una señorita de protocolo se le acercó para invitarlo a ocupar asiento junto a la delegación de la guerrilla. Molesto, Álvaro contestó que era invitado del presidente Santos y no se movería de allí.
Fue solemne la llegada del presidente de Colombia y del comandante de las Farc, acompañados por el presidente de Cuba, Raúl Castro. Cuando cada uno de ellos habló, transmitieron enorme optimismo, refrendado por la lectura del comunicado que anunciaba los puntos convenidos. Vivíamos un momento culminante para la reconciliación de los colombianos. Recordé al presidente Cristiani firmando la paz para El Salvador con el Frente Farabundo Martí; en México, en donde estuve acompañando al presidente Gaviria.
El presidente Santos dijo en su discurso que los acuerdos se firmarían antes del 23 de marzo de 2016. Cuando el acto terminó saludé a Iván Márquez y a Catatumbo, a quienes conocí en Tlaxcala; también a Lozada y a Joaquín, quienes estuvieron en el Caguán. Opinaron que se había dado un paso definitivo para la paz. Coincidían con la delegación gubernamental, presidida por Humberto de la Calle.
En la rueda de prensa Timochenko habló de marzo y dijo que podría ser antes. Los acuerdos sobre justicia son la antesala de la solución definitiva: las Farc renunciarán a la lucha armada y la sociedad colombiana recibirá a los insurgentes en un plano de garantías y entendimientos.
Días después comenzaron los desentendimientos. No se precisaron algunos importantes puntos del acuerdo y surgieron reclamos y desencuentros. Ya se superaron. Lo acordado, dentro de los criterios de la justicia transicional, es viable y posible. No habrá impunidad.
El Gobierno, el Congreso y la mayoría de los colombianos estamos dispuestos a la paz. En una nueva visita hablamos con la delegación de la guerrilla en La Habana y en un diálogo constructivo compartimos la visión de una Colombia democrática y justa, en la que podamos vivir en paz todas y todos los colombianos. Estamos a tres meses de lograrlo.
* Senador del Partido Liberal.