Pero esta Medellín no deja de sorprenderme. Hace poco, en mi sagrado paseo familiar, me enteré de que tenemos el campo más cerca de la ciudad de lo que me imaginaba y que en el oriente contamos con una reserva natural, el parque ecológico más grande de esta capital: Arví.
En el barrio Alejandro Echavarría, centro-oriente de Medellín, recogí a mi hijo mayor que estaba donde la abuela. De ahí nos subimos para Santa Elena, hogar de fuertes y luchadores silleteros. Fueron 17 kilómetros. Nos gastamos 30 minutos porque paramos a tomarnos fotos con una vista de Medellín dominguera: soleada, cielo azul, montañas verdes color de crayola y, lo mejor, el estadio que quedó de fondo en algunos de los recuerdos de ese paseo.
Ese día, la decisión de salir a ver los árboles más altos de Medellín, escuchar el silencio cómodo, acostarse en la manga y caminar con la intención de descubrir, le ganó a la ida al Estadio. En el Parque Arví, arribita de Medellín, no se pueden ver los edificios ni de 30 pisos, pues los árboles no lo permiten, pero la naturaleza sí se deja consentir y pide completa dedicación a 1.700 hectáreas.
Al Renault 12 TL modelo 78 lo estamos cuidando y sacándole todo el jugo ahora. El carro tiene mucha fuerza y no se recalienta por las empinadas lomas de Las Mellizas del barrio Buenos Aires, rumbo a Santa Elena. Cuando el Metrocable llegue al Parque Arví, el tiempo de recorrido desde la Comuna Nororiental será de menos de 24 minutos.
El programa en el parque ese domingo fue de todo el día. Estuvimos en el mariposario, el insectario, caminamos y fuimos a la represa.
Al lado de nosotros un olor nos hipnotizó. Un sancocho de gallina empezó a hervir con la sazón de por lo menos 20 manos que creían tener el toque para que la papa no se les desbaratara y las presas alcanzaran para todos. Incluso para nosotros, porque también, y sin conocerlos, nos invitaron a su manjar. ¡Qué deleite!
Ese día no teníamos un plan predecible en el Parque Arví. Sólo íbamos a caminar y a que los niños vieran de cerca mariposas, pájaros, recorrieran el insectario, disfrutaran de la naturaleza, montaran en las bicicletas acuáticas y a que mi esposa descansara del ruido y se relajara. Para ella este paseo fue como estar en un spa.
Los vecinos generosos del sancocho, y ahora amigos del paseo, nos contaron que en 2009 para conocer y sentir el parque ecológico más inmenso de nuestra Medellín se necesitarán cinco días. Dicen que será el mejor paseadero con albergues, miradores, zonas de camping, actividades acuáticas y hotel con seis espacios distintos para vivir el parque.
Al mayor de mis hijos le encanta que le cuenten historias de aventuras y héroes. Después de que se enteró de todo este cuento, ya decidió que su proyecto de sociales para el colegio será sobre el Parque Arví.
Los del delicioso sancocho se fueron temprano.
Será aún más difícil querer volver a casa cuando el Parque Arví quede así como lo pintan de hermoso. Sobre todo porque estará muy cerca: tendremos una frontera natural entre lo urbano y lo rural a sólo 10 minutos del cemento.
Esa tarde, mientras mis hijos terminaban de disfrutar, me imaginaba Arví lleno de gente. Si a las gordas y gordos de Botero todos los días les llegan más turistas, cómo será a este parque cuando lo terminen y todos quieran subir por el nuevo Metrocable para sentir que tocan la copa de los árboles más altos con sus manos.
Ya hay que regresar. El Renault 12 prendió de una. Es todo un fosforito. Nos esperan 30 minutos en la bajada hacia la casa. Que alegría me dejan estos días con la felicidad de los míos. Los míos que son los de mi casa, los del sancocho y los tres millones y pico que conforman este Valle de Aburrá y que quedaremos atentos a la trasformación del Parque Arví y estaremos orgullosos de presentárselo a los que vienen de visita por primera vez y, claro, a los que quieran repetir. •
* Directora Relaciones Corporativas, Alcaldía de Medellín