Los mejores anfitriones
Durante la visita al municipio de Cabrera, sus habitantes no desampararon ni un segundo a las candidatas. Cada vez que una de ellas finalizaba su sesión de fotos, los cabreranos las aplaudían para hacerlas sentir cómodas. Ni siquiera los niños se perdieron de verlas. Al momento de posar con los vestidos de la diseñadora Lia Samantha, que están inspirados en el Pacífico colombiano, un grupo de niñas se emocionó porque pensaron que las reinas iban a bailar mapalé.
¡Están todos invitados!
Durante la ceremonia de bienvenida que la Alcaldía de Bucaramanga, liderada por Luis Francisco Bohórquez, y la Gobernación de Santander, les organizaron a las candidatas, el gobernador Richard Aguilar Villa aprovechó la presencia de Raimundo Angulo, presidente del Concurso Nacional de Belleza, para hacer formal la invitación a que Bucaramanga sea la sede del desfile de traje artesanal el próximo año.
Bucaramanga estrena reina
Quien ha participado en el Concurso Nacional de Belleza no se desvincula nunca. Si no, que lo diga Ángela Patricia Janiot, presentadora de CNN en español, y Señorita Santander en 1983. Según contó Raimundo Angulo, fue ella quien le propuso que, así como Bolívar y Cartagena tenían cada uno su representante en el concurso, Santander y Bucaramanga siguieran el mismo camino. Así, por primera vez en los ochenta años de historia del concurso, Bucaramanga tendrá su reina en Cartagena.
A ritmo de vallenato
Después de cuatro días de despertarse a las cuatro de la mañana y de largas jornadas de trabajo, las nueve candidatas recibieron una invitación muy especial por parte de la Alcaldía de Bucaramanga. Nada más y nada menos que boletas para el concierto de Carlos Vives del pasado viernes 12 de septiembre. La felicidad de las candidatas fue tan evidente que no se sentaron ni un momento. Bailaron hasta el cansancio y cantaron más de una canción a todo pulmón.
La curandera
Aunque hubo una enfermera acompañando a las candidatas todos los días, la Señorita Bucaramanga, Juliana Arguello, se encargó de cuidar a sus compañeras. Cada vez que alguna se quejaba de dolor de cabeza, picada de zancudo o dolor de estómago, Juliana sacaba pastillas y cremas de su cartera, y las repartía. El remedio que más acogida tuvo fue la caléndula, que se aplicaban todo el día convencidas de que curaría sus males.