Todo el tiempo estamos buscando los espacios, mentales y terrenales, que encajen con nuestros quehaceres personales y nuestros más variados estados de ánimo. Hay quienes los prefieren pequeños y lejanos. Hay partidarios de que sean más amplios y cercanos. Como sean, unos y otros aspiran a lugares donde puedan darse un respiro, donde la multitud quede afuera, un refugio a prueba de guerras ajenas.
Rastreando estos mundos paralelos, dimos con uno en nuestro reportaje gráfico, casi que dentro de la ciudad, donde la gente encuentra el bosque perfecto para su propio cuento. Como este hay miles de ambientes como trajes sobre medida, con la horma de una silla de parque, una catedral, un desierto, una buhardilla, un útero, una bocanada de humo, una trinchera. Allí vemos pasar el tiempo de nuestras vidas. Allí nacen nuestros dilemas. Alli los espejos quedan hechos trizas. Allí aparecen las orillas de nuestro abismo. ¿Ser o no ser? ¿Hacer o no hacer? ¿Vocación o ambición? ¿Probar y errar o no avanzar? ¿Apariencias o autenticidad? ¿Maternidad o éxito profesional?
Tema este al que no escapa nuestra portada, la bella Tatiana de los Ríos, quien decide congelar sus óvulos y dejar en suspenso su papel de mamá ahora que, paradójicamente, aspira a otros papeles para consolidarse como actriz. Vivimos buscando un espacio como un vaso de agua donde diluirnos en la plenitud de nuestros sueños.