Cada vez es más frecuente tener el clima como tema obligado de conversación. Unas veces por el fuerte calor que hace y, otras, por las torrenciales lluvias que aparecen de un momento a otro inundando sótanos, taponando calles e impidiendo la circulación.
Esto último era más frecuente en ciudades como Bogotá en la que, por el contrario, eran escasas las sombrillas para proteger del sol, los zapatos destapados, las camisas sin mangas, las bermudas y los capris, y en cambio hoy son pan de cada día.
Como dice la diseñadora María Luisa Ortiz: “en Bogotá parece que estuviéramos en Medellín”. Eso, en términos de ropa, hace más frecuente la pregunta “¿y qué me pongo?”. “Ropa fresca y cómoda”, responde el diseñador paisa Camilo Álvarez, que actualmente ve cómo las prendas que antes vendía en Medellín o Villavicencio también tienen salida en climas como el de Bogotá.
Esa dinámica obedece al cambio climático. El mismo que está obligando a la industria de la moda (diseñadores, tiendas, productores de telas y demás) a repensar el modelo que utilizaba para determinar tendencias, producirlas y comercializarlas.
Antes las estaciones marcaban el inicio y el final de las prendas que hombres y mujeres lucían con orgullo, incluso en países donde no se dan las estaciones (como Colombia), pues las grandes casas de moda señalaban la parada en cuanto a colores, telas y diseños. Pero hoy el asunto es a otro precio. Existe un marcado invierno y un marcado verano, lo cual lleva a buscar nuevas telas, diseños e incluso uso de las mismas prendas. “Tenemos una referencia de un vestido que puede utilizarse en ocasiones como un chaleco grande”, cuenta el Álvarez, que además sugiere tener siempre a mano una tercera prenda para cubrirse cuando hace frío.
El cambio climático vino para quedarse y no queda de otra que adaptarse a él y tratar de aminorarlo un poco, comprobando que las prendas son producidas con materias primas y procesos que no impacten tanto al planeta y reciclando más.
Bien lo dijo en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU, la temperatura del planeta ha subido 0,89 grados centígrados en los últimos 100 años y se prevé que en las próximas dos décadas aumentará 0,2 grados centígrados más. Bogotá, por ejemplo, será dentro de poco “tierrita caliente”, como lo vaticinó hace tres años el entonces director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Ricardo Lozano.
Alternativas para cualquier momento
* La tercera prenda es una opción que sirve en todos los climas: aunque la temperatura esté alta, empaque una tercera pieza como un buzo o una camisa que no sea pesada, que cubra en caso de que baje la temperatura. * La sombrilla ya no solo es solo para protegerse de la lluvia, sino también del sol. Hay muchas opciones en el mercado: pequeñas, versátiles y fáciles de llevar en un bolsillo. * Cuando viaje a climas cálidos, no olvide llevar un saco. * Cuando viaje a climas fríos, empaque prendas ligeras para los momentos del día en que hace calor. * La ‘ecomoda’ busca el uso de materiales orgánicos y disminuir el gasto de recursos en la producción y transporte. Foto: Latinstock