Mucho antes de que la palabra iPad comenzara a sonar, mucho antes de que este gran diluvio llamado vida digital nos inundara, mucho, muchísimo antes, incluso, de la misma televisión en Colombia, nuestras páginas de papel ya intentaban divertir y ponerles movimiento a sus historias a fuerza de su obsesión fotográfica. Desde entonces hasta hoy, 97 años de camino, CROMOS ha sido “La actualidad ilustrada”, “La cara positiva”, “La vida muy bien contada”, “La vida pasa como se ve en CROMOS” y, desde hace ya un tiempo, una ventana “Llena de emociones”. Por eso, detrás del hecho de que la revista, además de impresa, ahora se vista de iPad, está el esfuerzo y la emoción del aprendiz de magia que logró acceder a un gran truco de la dimensión de David Copperfield o Criss Angel. Porque eso es iPad. Un artilugio que hace que lleves a CROMOS a donde quieras, sin las puntas dobladas y con sus páginas siempre iluminadas. Es el ardid de sacar las historias planas y enmarcadas del museo para ponerlas a vivir en Disney más allá de sus límites. Es el sueño, por fin, de que las fotos cubran todo el espacio, sin letras ni hojarasca, y que si queremos saber más de esa imagen específica, basta con poner el índice para que el piedefoto aparezca y luego se desvanezca. CROMOS en Ipad es la fantasía hecha realidad de poder darles movimiento a nuestras divas, para apreciarlas en toda su inmensidad, jugar con ellas como a las muñecas, poder ponerles otro vestido con solo arrastrar un dedo sobre la pantalla. Con iPad llega el calentamiento global a nuestras portadas, que por fin se descongelan y se ponen en acción para que nuestros lectores sientan de verdad lo que es una sesión fotográfica. Por arte de magia, o de iPad, no solo cambian los platos y la mesa sino, sobre todo, la cocina. Nuestros consejos de redacción de hoy en adelante ejercerán más sentidos que el de la vista. Al hacer nuestras historias tendremos que preguntarnos no solo qué pasa, ni cómo, sino a qué suena y cuál es su película. Con la actualidad siempre hemos querido jugar, pero ahora tenemos el juguete preciso. ¡Bienvenidos a esta otra sala de la casa!