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Cuando el cáncer se lleva a nuestros padres

Carolina y Mónica tienen mucho en común. Uno de sus padres falleció. Se los llevó el cáncer. Este es un viaje por sus emociones.

Por Redacción Cromos

19 de octubre de 2017

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Por: Carolina Ardila.

 

Mónica y yo tenemos mucho en común, somos contadoras de historias, reportamos la vida de otros, las situaciones de dolor y alegría, pero ahora queremos estar del otro lado y contar nuestra propia historia. Mi mamá falleció, su papá falleció, a los dos se los llevó el cáncer. Es inexplicable la intensidad de emociones que se pueden sentir: la soledad, el miedo, la incertidumbre y la rabia se apoderan de uno. Te sientes sofocado, con millones de cosas por decir, pero no sabes cómo o con quien hablarlo, por eso nosotras decidimos escribirlo y compartirlo con quienes puedan estar pasando por la misma situación. Este es un viaje a nuestras emociones.

 

CUANDO MI MAMÁ SE FUE

 

Por: @carolinaardilap

 

Jamás en mi vida pensé que le iba a pedir a Dios que se la llevara, pero verla en esa cama, tan débil, tan diferente, tan llena de dolor y sin fuerza, me partía el alma. Ahora éramos nosotros quienes teníamos que hacer por ella lo que mi mamá había hecho durante tantos años por mí, mis hermanos y mi papá. Veíamos como la muerte se quería llevar a quien nos dio la vida.

 

Recuerdo cuando llegué a verla – yo llevaba casi tres años viviendo en Bogotá, ella vivía en Buga – (eran 8 horas en carro o 45 minutos en avión), me duele decirlo, pero siento que ese día no me reconoció, fueron segundos en los que mi voz no le sonó familiar – aunque mi corazón se ha negado a creerlo – no sé si fue ese maldito cáncer en su cabeza el que me borró por corto tiempo de su memoria.

 

El cáncer llegó a su vida en el 2008, él no escoge sus víctimas, simplemente aparece y empieza a destrozar poco a poco por dentro. Su seno fue la primera parada. En ese momento, para mí, que tenía 17 años verla luchando contra ese huésped en su cuerpo, era como verla luchar contra una gripa, siempre la vi fuerte, bella y alegre. Tal vez ella se escondía de nosotros cuando estaba mal, tal vez mi papá es el único que podría contar esta parte de la historia… (continúa leyendo la historia en carolinaardila.com)

 

TE AMO PAPÁ

 

Por: @monicarinconm

 

Era marzo, planeaba llegar de sorpresa a casa de mi papá, pero la vida que no se ahorra las burlas, me aguó la fiesta y la sorpresa me la llevé yo. Miré a mi papá recostado por  primera vez en la cama de un hospital. Tenía la piel amarilla y  sus ojos azules  ya no brillaban. Pararse de la cama  le exigía gran esfuerzo.  No era del todo mi papá el que estaba recostado en esa cama, era Gustavo Rincón atado a su propio cadáver por cuenta de un cáncer que se movía lento pero seguro. Ese cáncer era un kamikaze, empeñado en suicidarse quitándole la vida a mi papá.

 

Este cáncer-suicida tenía un tercer nombre: metastásico.  Reinaba sobre el hígado y las vías biliares de mi papá pero como su base de operaciones era la vesícula, era entonces un cáncer de vesícula. Lo normal era que el nuevo invitado en el cuerpo de mi papá debiera acabar primero con él antes de que mi papá encontrara la forma de sobrevivir. Ahí fue cuando supe de las  etapas del cáncer. Lo peor de la etapa cuatro es que no hay etapa cinco. Es decir que en cualquier tipo de competencia macabra que esta fuera, el suicida ya tenía asegurado el triunfo.

 

Sabiendo esto, mi papa y yo optamos por escuchar con una fingida cara de amabilidad, todos los rumores de curaciones, hechizos, cocteles benditos y oraciones a cualquier dios  que prometían una cura a su enfermedad. Venían sugerencias de todas partes: una mujer amable y optimista dijo que conocía al amigo de un vecino del cuñado de un amigo que había “ganado la batalla contra el cáncer” tomando caldo de gallinazo con guanábana y gotas de romero y cidrón y otras matas de difícil nombre. A esas alturas a mi papá todo le sabía horrible. Su malicioso hospedero había decidido también, además de la vida, quitarle el apetito. Y él no iba a tomarse nada “milagroso”. No tardaron en llegar otras asombrosas noticias de la tía de alguien que  “no soltó la mano de dios”  y se sometió a mucha radioterapia, quimioterapia y medicinas naturales y que  ahora corre maratones… (continúa leyendo la historia en carolinaardila.com)

 

 

Foto: iStock.

 

Por Redacción Cromos

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