Esta edición tiene algo de particular, se parece a esas obras hechas en un lapso de tiempo entre dos destinos, en ese vacío que queda mientras se deja un lugar familiar, querido, habitado por años, para ir a ocupar un espacio nuevo. Esta sensación ya la había sentido cuando dejamos en 1997 la inolvidable y emblemática casa blanca de CROMOS, en Quinta Camacho, para irnos a estrenar un edificio detrás del Centro de la 93. Nos íbamos de la casa de la 70A con su chímenea prendida en las tardes frías bogotanas, con sus sótanos y sus ruidos fantasmales en las largas noches de los cierres y esa imagen patriarcal de nuestro director, Alberto Zalamea (Q.E.P.D.), apareciendo de pronto en la sala de redacción. No viví el trasteo de la 93 a las instalaciones de El Espectador, y de allí a la avenida El Dorado, en ese entonces andaba por fuera de la revista. Ahora, como director, revivo de nuevo esa sensación de dejar algo para ir en pos de un nuevo escenario, con un ingrediente nuevo. Esta vez, nuestro espacio entra en órbita con otros espacios. Conectamos con una construcción más grande, encajamos dentro de un complejo mundo unido por las comunicaciones. Esta vez nos acoplamos a las instalaciones del Canal Caracol, donde también operan El Espectador, Shock y la cadena radial Blu. Un equipo grande y diverso. Distintos medios, diferentes estilos, estéticas disímiles y puntos de vista divergentes en torno a la actualidad. Se completa y se activa el rompecabezas. No hay mayor convergencia que la convivencia. Siempre hemos sido una gran medio informativo y de entretenimiento, lo hemos sido durante 97 años, pero a partir de hoy vamos a compartirlo en familia. Todos los “medios hermanos” en la misma cuadra. No deja de ser extraño y a la vez estimulante. Pasamos de un segundo piso en la calle 26, al sexto en La Floresta. Esa será ahora nuestra casa. La nueva casa de nuestros afanes, de nuestras delicias y de nuestras propias historias. Y todo empezó un 19 de febrero de 2013.