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El hijo preferido, ¿mito o realidad?

  Escucharlos y explicarles la causa de una aparente "preferencia" será necesario en más de una ocasión.

Por Redacción Cromos

24 de mayo de 2017

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Si le preguntáramos a tus hijos si creen que sus padres prefieren a uno en particular, casi todos contestarían que sí.  Por otro lado, si se les pregunta a los padres, responderán que quieren a todos sus hijos por igual. ¿Cuál es la verdad?

 

 

Expertos del Jardín infantil «El Rincón Del Tercer Puente» afirman que hay algo de cierto en ambas posiciones. Favorecer o preferir a un hijo es bastante frecuente. Así lo comprueba un estudio publicado en el que más de una cuarta parte de los padres encuestados admiten tener preferencias y dos terceras partes de los hijos encuestados,  manifestaron que sí había un trato diferente  y preferencial entre ellos y sus hermanos.

 

 

El trato preferencial varía enormemente, en algunos casos se presta más atención al más pequeño, más ayuda al hijo débil, más regalos al hijo exigente y más tiempo al hijo que se encuentre más necesitado. En muchas ocasiones este trato especial es de corto plazo, pero puede afectar de modo negativo a los otros hijos.

 

 

También existe el factor “afinidad”. Por ejemplo, está la afinidad de carácter, en donde el padre o madre sienten más comodidad en la relación con ese hijo que tiene una personalidad parecida a la de ellos.  Además, se presenta la afinidad de género, laas niñas hacen ciertas cosas, como ir de compras con sus mamás, mientras los hombres disfrutan más jugando un partido de fútbol con sus hijos varones.  Al ser del mismo sexo, quizá haya más en común, pero esto no siempre es entendido por los niños.

 

 

Los hijos siempre quieren ser los más importantes para sus padres y son muy sensibles a lo que consideran una desigualdad. Para los padres, es difícil repartir equitativamente su atención, ya que a medida que cada hijo crece, emergen diferentes temperamentos y necesidades por atender. El adolescente rebelde va a quitarle mucho tiempo a un papá, lo cual va a resentir al hijo menor que pasa por una etapa más bien tranquila. Es iluso pensar que siempre podemos ser tan justos como nuestros hijos quisieran.  Por definición, manejar a los hijos con igualdad es dar a cada quien lo que necesita, de acuerdo a sus debilidades y fortalezas, más no entregar a todos exactamente lo mismo. Según los hijos, la igualdad es darles a todos exactamente lo mismo, y cuando ésta no existe, se resienten. Para ellos, el hecho de que un hermano reciba un privilegio como acostarse más tarde significa que se les quiere más.

 

 

En el caso contrario del hijo mayor, este quiere que lo traten igual que a su hermano pequeño. Cuando esto sucede, el menor se siente afectado, o se siente culpable por toda la atención que no recibe. Este es un problema muy complicado, cuya única solución se da hablando abiertamente con los hijos.  Las explicaciones de por qué hacemos lo que hacemos sí son útiles para ellos. Por ejemplo: “Tú  hermano de 4 años necesita ayuda para vestirse, cuando tu tenías esa edad, yo también te ayudaba, esto no quiere decir que lo ame más”; “Tú hermano está enfermo y por eso estoy pasando más tiempo con él”. 

 

 

Estas explicaciones frecuentes y el tiempo individual con cada hijo hacen que los niños sientan que son tratados y queridos por igual. Si están pendientes de cómo se siente cada hijo y escuchan sus reclamos, pueden hallar una fórmula con la que todos se sientan igualmente queridos y por lo tanto, felices.  Recuerden que todo lo que ustedes hagan es vigilado muy de cerca por sus hijos. 

 

 

Fotos: Istock

Por Redacción Cromos

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