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El poder, ¿empoderamiento o explotación?

Es la hora de reconocer nuevas formas de poder, lejos de la perversión de este término que a veces agobia. Una apuesta que nos exige abrir los ojos y la mente. Como dijo Jung: “donde reina el amor no hay deseo de poder”.

Por Sebastián Restrepo. Psicólogo gestaltista y sistémico.

14 de mayo de 2015

El poder, ¿empoderamiento o explotación?
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Todos tenemos algo que ver con el poder. Sea que lo ejerzamos,  lo suframos, lo administremos, lo impongamos, lo compremos, la compartamos o lo usurpemos, el hecho mismo de relacionarnos con alguien, o algo, está siempre atravesado por alguna forma de poder. Este no es ni bueno, ni malo; es solo eso: poder.  

Puede ser devastador o redentor, pero sus efectos dependen de cómo lo entendemos y asumimos. Porque el poder es, en última instancia, las ideas con que lo imaginamos. Ideas que nos gobiernan inconscientemente y que todo el tiempo se manifiestan en la cotidianidad de las relaciones que establecemos. 

Y no hay que ir muy lejos para encontrar los efectos de nuestras ideas de poder: un planeta al borde del colapso, una economía totalmente inequitativa, sociedades sin esperanza, gobiernos corruptos, racismo, guerra entre los sexos y un profundo sinsentido. Nuestras vidas son el ejemplo vivo de que nuestra idea del poder no es ni inocente, ni inocua. 

Estoy convencido de que nuestra supervivencia colectiva depende de nuestra capacidad de destruir y reinventar las formas de concebir el poder. No habrá paz en la tierra, ni sostenibilidad ecológica, ni realización humana, hasta que, como colectivo, logremos sembrar el poder en nuevos territorios. 

Y es que, no nos digamos mentiras, la mayoría de nosotros tiene arraigada una imagen de poder primitiva y obsoleta -¿de 6.000 años de antigüedad?- donde este equivale a persuasión, fuerza muscular, decisión de mando, resultados productivos y utilidad práctica. El poder es representado por el ganador, pero también por el asesino.

Ilustración: Jorge Ávila.

 

Por eso resuenan en nosotros personajes tan patéticos como El Capo y Donald Trump. Eso mismo avala al asesino bursátil que tuerce consciencias y hace que perdonemos las groserías de un Maradona. Convergen en la forma que entendemos el poder. 

Y por eso mismo desconocemos verdaderos héroes como Kailash Satyarthi y Malala Yousafzay. No reconocemos a Bunker Roy y replicamos sus proyectos descalzos. No hemos escuchado a los ecologistas y no hemos abierto espacio para los nuevos héroes de la política. No tenemos una imagen para entenderlos.

¿Pero qué elementos constituyen esta imagen anquilosada del poder que nos tiene al borde del abismo? ¿Qué otros podrían reemplazarlos en la construcción de nuevas formas de poder más sanas?

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Un primer elemento que se repite es la exaltación del poder como valor supremo. Buscamos poder por el poder y para el poder. El poder se enceguece y pervierte. Porque el poder es capacidad de hacer, potencialidad, no puede ser un fin en sí mismo, porque las acciones necesitan de las razones. 

Por otro lado, tenemos lo que Karen Horney llamaba la búsqueda neurótica de gloria: ese impulso infantil que impulsa a las personas carentes a buscar un reconocimiento por encima de los demás; esa necesidad de ser los únicos, los primeros… Solo una profunda y radical formación compasiva puede ayudarnos a superar esta tendencia infantil y liberar al poder de los límites del egoísmo. 

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Creo que ya es hora de erradicar del poder esa mirada que vuelve al otro un medio o un instrumento. El poder debe entenderse como empoderamiento y no como explotación. ¿Qué tal si el poderoso fuera aquel capaz de identificar y hacer desplegar lo mejor de la dignidad humana? Necesitamos un poder, una fuerza, que defienda la vida y nos abra los ojos a la grandeza humana, que sepa atender y cuidar.

Un cuarto elemento es la creencia de que el poder se concentra como si fuera una sustancia. Pero el poder puede ser cualquier cosa que abra posibilidades o que brinde capacidades. Creo que en el futuro entenderemos que nuestra vida, y la de aquellas organizaciones  que conformemos, se verá fortalecida por una imagen donde el poder circula, se intercambia, se expande. En un escenario así, ser o no ser poderoso no será nunca la cuestión, sino dónde hay obstáculos para que el poder circule y las personas se empoderen. 

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Un quinto elemento es la idea del crecimiento. Desde la visión envejecida, el poder es crecer, aumentar, expandir. Ya es hora de que pensemos que no hay crecimiento sin profundización, no hay maduración sin crisis. Hay que darles importancia a los cimientos, las bases, las visiones, a la difícil tarea de fortalecer el alma humana en los tejidos humanos. 

Ilustración: Jorge Ávila.

 

Por último, debemos replantear la eficiencia como el sello distintivo del poder. A las puertas del desastre ecológico, en medio de los síntomas sociales que genera el abuso del poder, tratando de apagar los incendios que día a día generan las estructuras poderosas inequitativas a insostenibles que creamos, ya es hora de que entendamos que la coherencia es un criterio tan o más importante a la hora de retar nuestras agonizantes nociones de poder. 

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Jung decía: “donde reina el amor no hay deseo de poder; y donde el ansia de poder es suprema, está faltando el amor”. No quisiera creer que esto sea una condena del poder, sino más bien la denuncia de una vieja forma de ver donde ambos se excluyen. Creo que nuestro trabajo actual es no claudicar en nuestro intento de juntarlos. 

 

– Un Documental:

 

 

8 cosas que deberías saber sobre la asombrosa Malala Yousafzai es el documental que está disponible en Youtube, sobre cómo esta joven sobrevivió a un ataque talibán. Su defensa de la educación, especialmente para las mujeres. Un inspirador ejercicio de poder. 

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-Una Película:

 

 

El guerrero pacífico

Dan Millman, un talentoso gimnasta estudiantil con aspiraciones a olímpicas, vive rodeado de premios, chicas y fiestas. Aprenderá a adquirir sabiduría y seguir el destino. 

 

-Una Conferencia:

Claudio Naranjo se puede consultar en la web para ampliar el panorama sobre este tema. Buscar la conferencia Educación para el amor, y la entrevista El ocaso del patriarcado.

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