De paso por San Andrés, durante el primer especial, de tres, en nuestra gran producción del Minicromos para octubre, frente a sus playas, su mar de película y los ojos embrujadores de las bellas isleñas con apellidos Archibold, Garden y Taylor, pensé que la revista, además del trabajo fotográfico y periodístico que venía realizando, podría contar la historia de la isla a través de una historia de amor. Lo extraño es que no estaba pensando en algo impreso sino en una serie dentro del contenido en el iPad. Desde que a nuestra edición en papel la acompañan una versión en el punto com y otra en la tableta, el panorama de trabajo comienza a cambiar drásticamente. El menú se ensancha y diversifica de tal manera que ya no resulta descabellado que el director de una revista pueda pensar en hacer un dramatizado para incluirlo en sus páginas virtuales, algo que en otro tiempo era exclusividad de los canales de televisión. Los contenidos ahora pasan de un medio a otro con gran facilidad, y con ellos sus lectores o consumidores. Una entrevista se puede leer, luego oírse como en la radio y finalmente verse en video. Estas tres experiencias se pueden vivir en esta edición con nuestra portada de Antanas Mockus o con otro de nuestros invitados, el diseñador Custo Barcelona. Y mientras las fichas se revuelven, los jugadores mutan y cambian sus gustos y sus hábitos. Pierde protagonismo el sofá romántico para el lector concentrado; ya no hay citas fijas para ver noticias o una película; los computadores entran al show de variedades y los celulares se tornan en un saloncito codiciado para los que queremos convertir a sus usuarios en socios de nuestro club de experiencias y contenidos. Mientras el mundo sigue ahí afuera, a la vista de todos, materia prima del periodismo clásico, hay otro, subrepticio, de redes sociales tejiendo su propia manera de vivirlo y compartirlo. Del cruce de estos dos mundos nacerá una realidad nueva para la educación, la información y el entretenimiento.