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¿Hablas de sexo con tus hijos?

No podemos postergar estas conversaciones y dejar que sean la publicidad y el internet los dueños de las respuestas.

Por Odalisca

19 de octubre de 2016

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Tenía 15 años la primera vez que mi hermano mayor me quiso empacar un condón en el minibolso con el que me iba de fiesta. Él no lo sabía, pero era una misión imposible. Primero, porque no iba a sacar el labial para darle espacio a ese objeto que ni siquiera tenía pensado utilizar (ni sabía cómo hacerlo). Segundo, porque me avergonzaba cargarlo; me sonrojaría si alguien abría mi cartera y lo veía.

 


Mi mamá nos encontró en plena discusión y no supo qué hacer. No pudo detener a su hijo aventajado que quería proteger a su hermanita, pero tampoco pudo explicarme cómo podría utilizarlo en caso de emergencia. Imaginarse la escena con mi primer novio le daba escalofrío. Así que se limitó a darme la razón (con el corazón en la mano) e increpó a mi hermano: “Ella no lo necesita todavía. Déjela”.

 


¿No lo necesita todavía? No tuve relaciones hasta los 18, pero me habría venido bien una pequeña reseña del objeto en cuestión. Aprendí a protegerme después, en una cita secreta al ginecólogo cuando sentí que lo necesitaba urgentemente. Tuve que acudir a un desconocido que tenía contados diez minutos para mí, pues su siguiente paciente esperaba afuera. El doctor adivinó poco o nada del miedo que cargaban mis incontables preguntas, que, además, para mí, se escuchaban tontas.  Claro, ustedes se preguntarán “por qué no acudió al hermano aquel que se mostraba abierto y didáctico con el tema”. Por pudor. Porque me habría desmayado antes de preguntarle a mi hermano cómo debía poner el condón en el pene de mi novio. Como ven, mis papás no eran muy avezados en el tema y no creo que haya sido culpa del miedo sino del desconocimiento.

 

 


Las respuestas sobre sexualidad hay que darlas a los hijos en el mismo momento en el que las piden, sin postergarlas a un infinito que no existe. De hecho, la Organización Mundial de la Salud recomienda aproximarse a este asunto desde los primeros años de vida, pero muchos padres lo eluden hasta la preadolescencia (entre los 9 y los 13 años).

 

 

Algunos, incluso, tardan más. No soy mamá aún y entiendo que puede ser un tema candente, que pone a prueba la verdadera madurez de un adulto, pero no quiero que mi hijo me coja ventaja en la materia. Si algo he aprendido con los años es que edad es sinónimo de sabiduría, así que seré yo quien le contará cómo vienen los niños al mundo y qué hay que hacer para traerlos en el momento en que lo deseamos. Eso y muchas cosas más, como dice Juan Gabriel.

 

 


La publicidad y el internet son ahora maestros y guías del tema. Así sucede con la protagonista del documental estadounidense Best and Most Beautiful Things, protagonizado por Michelle Smith, una adolescente con discapacidad visual que se niega a vivir la cotidianidad preestablecida para una persona que no puede ver. Entonces persigue lo que sueña y considera más arriesgado, como irse de su casa y convertirse en una actriz de doblaje en Los Ángeles, e ir a vivir con su novio y pertenecer a un grupo de BDSM (juego con cuerdas, dominación, sumisión y sadismo).

 

 

Un día su mamá la sorprende junto a su novio mientras se preparan para un encuentro con seguidores de esta práctica. La mujer se preocupa por los gustos de su hija, pero, especialmente, porque desconoce sus preferencias y nunca ha enfrentado el tema de la sexualidad. La hija le enseña a su mamá qué es el BDSM y las dinámicas de sus encuentros. La hija se convierte en la maestra. Una situación muy cotidiana en esta época en la que la tecnología es la fuente de todo. 

 


No es necesario ser explícito con unos niños de siete años que preguntan de dónde vienen o por qué los papás cierran la puerta con seguro en algunas ocasiones; pero en el caso de un adolescente es distinto. Debe, por el bien de todos, entender cuáles son los métodos de planificación que se encuentran en el mercado, cómo se pone un condón, qué tipo de pastillas anticonceptivas hay, cómo es el ciclo menstrual de la mujer.

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Me he topado con hombres de 25 años que no saben qué es ovular o a qué obedece (físicamente) la menstruación. Y no los culpo. Como una maestra, de las más cariñosas, explico con destreza qué es lo que pasa en mi cuerpo cada 28 días (de paso para que entiendan que tengo licencia de quedarme en la cama ese día si me da la gana). El tema del sexo se encara, y con los hijos no hay “mañana hablamos” que valga. 
 

 

 

Foto: Istock. 

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