Cuando uno se sienta a hablar con el profesor de Ingeniería de sistemas Jorge Leal, se lleva la impresión que está frente a un catedrático que todos los días estudia, lee, programa y piensa en función de la población en condición de discapacidad.
Dice que todo arrancó cuando, trabajando como analista de un banco, un par de años antes de graduarse, una mujer sorda llegó a pedir un servicio y nadie le entendió. Entonces pensó que, si su carrera buscaba resolver tecnológicamente los problemas de los seres humanos, crear un traductor de señas para entender a esta población discapacitada era una buena opción de tesis.
Ya profesional, en 2007, Jorge quedó desempleado. Frente a la disyuntiva clásica de qué hacer con su vida, decidió desempolvar la tesis y crear la Fundación para el Desarrollo de Herramientas Tecnológicas de Ayuda Humanitaria. Su primer paso fue mejorar el programa que le había servido de trabajo de grado, un software que, a partir de una frase escrita, traduce cada palabra al lenguaje de señas colombianas. Luego, un avatar que él ha llamado Iris, en honor a la diosa griega de los intérpretes en la Ilíada, de Homero, hace el movimiento de la frase o la palabra.
Al integrarse con la población sorda para grabar, aprender sus señas y subirlas a su traductor, Jorge supo, por ejemplo, que el 70 % de la población con discapacidad auditiva es analfabeta, y que quienes alcanzan grados importantes de conocimiento tienen pocas oportunidades laborales. Como Emita, una pedagoga especializada que, a pesar de ostentar un cartón profesional, no consigue trabajo calificado y debe emplearse en un salón de belleza.
Uno de los objetivos de Jorge es llegar a completar la traducción de 7000 palabras a la lengua de señas colombiana, el mismo número de palabras que usa una persona parlante para comunicarse con sus semejantes.
Sobre las consultas que recibe en su página web, el ingeniero dice que mensualmente unas cinco mil personas visitan su portal. Otras tres mil hacen sus recomendaciones por las redes sociales. Asegura que la satisfacción más grande surge cuando alguien, a través de un correo electrónico, le agradece porque con sus herramientas pudo explicarle a su hija sorda rutinas y conceptos que están mejorando su nivel de vida.
Leal, quien además tiene una especialización en Gerencia informática, cuenta que su fundación virtual maneja un banco de 25 proyectos de apoyo humanitario, entre los que se destaca un aula virtual para la enseñanza de la educación básica primaria universal y otras iniciativas relacionadas con los principios del milenio como superar la pobreza extrema, la desnutrición y la inclusión social, en especial la de la mujer.
Uno de los aspectos más encomiables, meritorios y dignos de admirar del profesor Leal es que él financia toda la actividad de la fundación con sus propios recursos; es decir, con el salario que le pagan las dos universidades donde dicta clases. Señala que cuando le preguntan por la sede de la fundación, habla de la nube, ya que todo lo que se hace es virtual. La consulta a su página web www.hetah.net es gratuita porque su objetivo es poner en manos de los discapacitados las herramientas que, además de facilitar su comunicación, les permita acceder a otras posibilidades laborales.