La vi radiante en pleno desfile, pero detrás de la pared que separa el backstage de la pasarela, justo antes de la salida donde las modelos se hacen visibles para el público y los fotógrafos. Ahí estaba, impecable, con su fina espalda pegada al muro, para no ser vista desde afuera. Miraba, volvía a mirar y ajustaba con sus manos de mujer exquisita, cada detalle de sus vestidos. Sus dedos volaban, planeaban, se suspendían en el aire y volvían a volar, y todo por darle su último toque personal a las telas. Movía aquí, alisaba allá, alineaba un cuello, cerraba un escote, acomodaba un mechón, daba vuelo a un ruedo, hasta perfeccionar su obra con una sonrisa. Al final, lo que salía e impactaba, más que unos vestidos caros, era la imponencia de lo bien construido, la atracción de lo bien elaborado, la grandeza de un universo hecho de delgados hilos. Cada vestido inspiraba a primera vista la admiración y el respeto que al oído motiva un violín negro levitando en medio de una sinfonía. Llovían los aplausos y la gente ni siquiera podía imaginar que la gran diseñadora, con un muro falso de por medio, dedicara su tiempo a menesteres tan prosaicos. Y sin embargo, ella estaba ahí, Carolina Herrera, la gran dama de la moda, atenta y fiel a los más mínimos detalles de la alta costura. Esa intensidad es lo que hace inolvidable un estilo y una firma. Este recuerdo de la diseñadora venezolana, de años atrás en Colombiamoda, regresa ahora que veo como en pasarela, nuestras seis portadas más recientes. Cada una más distinta que la otra. Un músico del corte de J. Balvin, una exreina como Valerie Domínguez, la actriz Sofía Vergara, los presidentes Santos y Obama, Catalina Maya y ahora, en esta edición, Andrés Parra, un actor prisionero en el cuerpo de Pablo Escobar. Paisajes y estados de ánimo distintos pero todos expuestos en la misma ventana. Una ventana muy grande llamada CROMOS, que no deja nada por fuera, que pinta con colores y señales los avatares que por ahí cruzan, que no es tacaña en imágenes, que todo lo recrea, que todo lo pregunta, que todo lo cuida y lo arropa con su propia estética a la hora de hacer historia contando historias.