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Nació como una protesta campesina, pero con el paso de los días se le
fueron sumando tantos apoyos, que el paro nacional agrario y la gran
movilización del pasado 29 de agosto terminaron convertidos en una amalgama
diversa y amorfa de ciudadanos inconformes. Los saboteadores también se
hicieron presentes y afloraron los desmanes de lado y lado. Al final del
balance quedó el sabor amargo de la violencia innecesaria.
Por: Gloria Castrillón
Por El Espectador
31 de agosto de 2013