El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¡Llego el Minicromos!

Gran impresión me causan las reinas de este año y espero coincidir con los lectores. Se nota cada vez más el grado de compromiso y conocimiento de sus departamentos, y la disciplina férrea con que asumen la preparación.

Por Jairo Dueñas

15 de octubre de 2010

PUBLICIDAD

 

Durante dos o tres meses, cambian su rutina de vida y, de paso, el concepto de vida; pasan de ser mujeres bellas de actividades cotidianas, a ser representantes de una región, con todo lo que ello implica: responsabilidad, control de la timidez, cultura alimenticia, aprender sobre muchos temas en poco tiempo, distribuir de manera óptima el tiempo, tener seguridad en sí mismas, autoconocimiento. El cambio, para algunas, será para toda la vida.

Ni hablar de los sacrificios que muchas hacen. Pocos se dan cuenta cuáles: alejarse de sus familias, amigos, novios; dormir poco, sonreír mucho; someterse a críticas de toda índole; usar tacones de manera casi permanente; trasnochar, asistir a múltiples compromisos de índole y hasta cambiar de entorno social.

Desde el punto de vista físico, la realidad no es distinta de la de otros años. Aunque no se ven cirugías de último minuto, sí se sigue viendo que los cirujanos intervienen para algunas de manera satisfactoria y para otras de manera desproporcionada y poco armoniosa. Pretenden lograr la “perfección” y la simetría en cuerpos y caras cuya belleza está fundamentada en los rasgos y la asimetría de las formas. 

Senos un poco grandes, mentones prominentes, orejas con irregularidades, fibrosis en abdomen y espalda, así como cicatrices nasales o narices postizas, son algunas de las cosas que hacen que el concurso prefiera las reinas sin cirugías a las que tienen cirugías que se notan. 

Un consenso en todas es que las cirugías son algo respetable: si es para que se sientan más seguras o para corregir ciertas formas, bienvenidas. Pero ¡cuidado! En algunas se logra el efecto contrario. 

Nada más satisfactorio que una cirugía poco o nada evidente, gracias a la cual la belleza siga viéndose natural aunque haya pasado por el quirófano. Nada mejor que una cirugía tan natural que ni siquiera el ojo más agudo alcance a percibir la intervención.

Jairo Dueñas Villamil

DIRECTOR

Ver todas las noticias