El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

María Lyriam Rivera, el ángel de la guarda

Hace ocho años, María Lyriam Rivera arrendó una casa en Niquitao para dedicarla a proteger a los niños de la violencia callejera, la explotación sexual y las drogas. Su obra es un oasis en medio de un desierto de adversidades.

Por Carlos Eduardo Barragán Rozo

07 de abril de 2015

María Lyriam Rivera, el ángel de la guarda
PUBLICIDAD

Si uno pudiera comparar la casa donde María Lyrian Rivera protege y educa a más de cincuenta niños del complejo sector de Niquitao, en el centro de Medellín, diría que su hogar es lo más parecido a una isla segura en medio del tormentoso océano.

Según los estudios más recientes, en Niquitao hay más de un centenar de inquilinatos en donde los niños, por la incomodidad de las piezas donde viven, están a merced de la calle, donde pululan los expendedores de droga, la prostitución y la violencia. La casa de María Lyriam no es una escuela, ni ella es profesora, pero aquí les brinda abrigo y educación a los niños en las horas en que no están en sus escuelas o colegios. 

Su proyecto empezó hace ocho años y confiesa que nunca se imaginó que crear una obra social requiriera tanto papeleo, permisos, autorizaciones y visitas. La palabra agradecimiento está en su léxico las 24 horas del día. Por eso afirma que, si no fuera por las quince o veinte personas que colaboran en la casa, la mayoría sin remuneración, sería difícil pensar en tener a tantos niños. 

Desde las siete de la mañana, hora en que abre la casa, María se concentra en su labor, que incluye desde la revisión del menú para el almuerzo de los niños, hasta la planeación del pago de las obligaciones, pasando, por supuesto, por la tarea de llamar a diario a todas aquellas personas que se solidarizan con su obra y le ofrecen una ayuda o una donación.

Antes de las ocho, los niños desayunan con aguapanela y pan, hacen una oración y empiezan a trabajar. La primera actividad es la danza o el teatro, según el día. Después de las 9:15 todos pasan a un gran salón, donde hacen sus tareas diarias. Algunos reciben refuerzo escolar. A las 10: 30 María Lyriam busca a los niños, toma un libro de cuentos infantiles y comienza la hora de la lectura. Lo cuento porque lo vi: su voz parece un imán atrapa-niños: uno a uno se van parando de su sitio para estar más cerca de ella, como tratando de ver y descubrir las maravillas de su relato desde el «había una vez» hasta el «colorín colorado, este cuento se ha acabado».

 

Sus colaboradores coinciden en que es una mujer ordenada, disciplinada y diligente que les ofreció la oportunidad de descubrir dos acciones elementales: dar y servir.

 

Sobre las once, los niños pasan a la mesa, agradecen a Dios por el alimento que están a punto de tomar,  y finalmente esperan a que sus padres los recojan para ir al colegio. Mientras tanto, el grupo de colaboradores empieza a arreglar todo para recibir a los niños que llegan por la tarde.

Como María Lyriam solo habla de sus niños y siempre está pensando en cómo resolver alguna necesidad, tuve que recurrir a sus colaboradores para saber un poco más de ella. Coinciden en que es una mujer ordenada, disciplinada y diligente que les ofreció la oportunidad de descubrir dos acciones elementales: dar y servir.

No ad for you

Ya en confianza y mientras en la puerta de la cocina me ofrece un café, le pregunto cómo se financia para pagar arriendo, servicios, mercado y la nómina de empleados. María Lyriam sonríe y me responde que en esta casa todos los meses ocurren milagros y no faltan las personas que están buscando la forma de dar y compartir.

Esta es María Lyriam Rivera, amable y optimista; un inmenso ser humano que me ratificó que no importa cuánto ayudes, porque lo que importa es simplemente ayudar.

No ad for you

 

«Les quiero decir a las personas que tienen sueños: siempre luchen por ellos, sean constantes y valientes. Dios es muy maravilloso. Dios los bendiga.» María Lyriam Rivera

 

Ver todas las noticias