Cuando por fin llegamos a esa frontera entre lo que se acaba y lo que comienza –como el final de un año o el principio de un divorcio–, se abre una puerta de entrada y otra de salida para acoger la nostalgia y sacar a pasear la aventura. Justo cuando algo culmina se abre una puerta para aguzar la memoria ante el dilema de qué guardar y qué dejar por fuera de nuestra propia experiencia. Tan pronto surge un nuevo instante se abre un portón para avivar el ímpetu de salir a experimentar cosas nuevas sin importar las distancias. Memoria y huida. Una revista no escapa de esta doble fuerza visceral hacia adentro y hacia afuera. Acopiar, tratar de no olvidar, y escapar, ir en pos de más. Esa ha sido la dinámica dentro de la revista a cuatro años de cumplir un siglo de existencia. Así CROMOS vuelve por sus pasos, retoma su particular camino de pensar entre imágenes, de ser llave para entrar en realidades muy distintas, muy humanas y sensibles de contar; luego de atesorar 28 ediciones en 2011 alimentadas por la viva preocupación que tan bien expresa el Premio Nobel de Literatura en 1980, Czeslaw Milosz, cuando dice: “¿Qué fuerza conserva lo que fue si no dura la memoria?”. Acumular y liberarse. Al mismo tiempo que el 2011 se acaba y se cierra como una casa con sus muebles y su vida vivida cubierta con sábanas blancas, la revista emprende un nuevo viaje con el simple propósito de regresar al sendero de los que todavía se mueven, de volvernos nómadas y hacer que el lector se emocione con nuestras andanzas. Otro Nobel, el de este año, Tomas Tranströmer, sentencia: “Cada persona es una puerta entreabierta / que lleva a una común habitación”. Por eso nos proponemos abrir las de nuestros protagonistas, los colombianos con ganas de hacer historia con sus emprendimientos y proezas, con sus secretos y confidencias. ¡Feliz año! Con sus 96 años CROMOS no olvida que no cubre la noticia, le hace visita.