El 30 de mayo arrancó una nueva aventura. Un nuevo cubrimiento. Lugares para conocer, experiencias por vivir, colegas, hinchas… y, aunque no es la primera vez, cada evento nuevo es totalmente distinto.
Ser mujer en esta Copa América tuvo un detalle diferente de otras competiciones. Por las distancias y los largos trayectos, preferí traer solo una maleta. Ya se imaginarán cuántas veces me tocó arreglarla. Con todo cerrado, la primera parada fue Los Ángeles.
Seguir a Brasil en la ciudad de las estrellas era mi primer objetivo. Pero antes de pensar en los entrenamientos y las ruedas de prensa, justo al llegar, toca conseguir varios detallitos. La sim card del celular, los equipos de trasmisión listos, los audífonos… Como la primera parada fue la costa oeste de Estados Unidos, lo más duro fue adaptarnos al horario. Estábamos a dos horas menos que en Colombia. La primera emisión de noticias comienza a las 3:45 de la mañana, y el corre corre va hasta las 10 de la noche, ya que tenemos que estar activos hasta que terminen las actividades del día.
Ah, eso sin contar que nos demoramos un poco más arreglándonos y hay que salir de los hoteles con pelo y maquillaje listos. Las mujeres que cubrimos eventos como este cargamos una cartera que parece una pañalera. Adentro va una vida: el maquillaje, spray para el pelo, toallas desmaquilladoras. Y no hay que olvidarse del hambre y la sed. Sumen agua, maní, almendras…
En esta aventura de la Copa América, me he encontrado con Rochi Stevenson en cada partido de la Selección. En la inauguración hicimos La Fiesta del Gol y terminamos insoladas. Fuimos a ver el partido y nos ardía todo. Cada tanto nos mirábamos y nos moríamos de la risa.
Dos días después del primer partido, regresé de Orlando a Los Ángeles, para el segundo juego del combinado nacional. Como me queme la cabeza, me empezó a escarapelar, y en el vuelo comencé a sentir unas ganas incontrolables de rascarme. Me daba pena, pues la gente iba a pensar que tendría algún problema. Nada que hacer. ¡Aguantar!
Hoy agradezco haber ahorrado una segunda maleta. Ya fui y volví de Los Ángeles a Orlando tres veces. El vuelo de cinco horas ya ni lo siento. ¡Hasta reconocí al tripulante de la cabina, y él a mí! Vamos juntando historias. La única pena es que llegamos con tanta prisa y estamos tan concentrados en hacer el trabajo que nos olvidamos de registrarlo. Yo por lo menos no me perdí la foto en el Paseo de la Fama.
Pero todo tiene su recompensa. Todo es parte de una pasión y una sonrisa cuando termina el día. Para mí no hay nada como pisar un estadio, ver un gol en vivo, los codazos que los periodistas nos damos en la zona mixta, mientras pasan los ídolos. Eso es lo que me da fuerza y ganas de más. Hasta ahora estamos empezando este reto. Les contaré cómo continúa.
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