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…Mire le cuento

Por Jairo Dueñas

13 de abril de 2015

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Uno termina hablando de lo que se le cruza en la calle o en la mente. Así de ancho e imprevisto es el menú de temas de conversación. Así de azaroso es el poder de relacionar cosas que en la vida nunca se han visto ni cruzado, como puede ser esta revista con un cuento muy breve de Óscar Wilde, agazapado en medio de una antología de relatos célebres y bellas ilustraciones marcadas por el azul. El escrito se titula: El hombre que contaba historias. Y comienza diciendo: “Había una vez un hombre al que todos querían en su pueblo por las historias que contaba”. En página y media atravesamos de la literatura como por un atajo al periodismo, de la mano de su protagonista que después de sus caminatas diarias, trae algo que contarles a sus vecinos ávidos de historias que los saquen de la rutina y el tedio. Hasta que llega un día, siempre hay un día en que surge el obstáculo, nuestro hombre en su paseo se topa con algo fantástico pero repetido, algo que ya ha visto. Vuelve a ser testigo de dos escenas que ya contó el día anterior: la maravilla de encontrarse con tres sirenas peinándose sus largos mechones verdes con peines de oro y haber visto a un fauno tocando la flauta para las ninfas del bosque. Con esa mortificación regresa y enfrenta a su público con una confesión: “Hoy no he visto nada”. La adicción a la novedad opaca nuestros asombros más cercanos. Pero así es este negocio de contar historias. Con una salvedad, que al contrario del viejo relator, en nuestro oficio no podemos decir que hoy no hemos visto nada. Siempre nuestro viaje termina con un cuento.

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