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Muerte, te necesito

Para admitir los finales de los ciclos, para ahondar en el misterio de los días, para querer más la vida, para apreciar lo perdido y lo ganado, para burlarme de la inutilidad del conflicto en el que este mundo ha basado su evolución.

Por El Espectador

19 de junio de 2012

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Para aprender a no temerte, necesito abrazarte y experimentarte en los segundos que separan la vigilia del sueño. Eres femenina y enigmática, atrevida y aleatoria. Nadie te conoce realmente, sólo los poetas y artistas son capaces de citarte con hermosura y acercarse tímidamente a tus confines secretos con la humildad de los ciegos. Tienes la cara del destino que nos amedrenta y nos cuestiona, muchos hemos querido vivir ignorándote para no sentirte tan pura en cada célula de nuestro cuerpo vulnerable y pasajero. ?

Eres enorme y oscura, y acaso bello el sustantivo en español que te designa. “Muerte” es una prodigiosa palabra con la mala reputación de sus causantes, la enfermedad, los asesinos, los suicidas, las catástrofes, todos ellos siempre ladrones y traidores. Así como “morir” es un verbo en punta, también digno y sonoro para ilustrar el acto más noble de los hombres. Nos tienes rodeados. Te vemos en todas partes y olvidamos que cada proceso de nuestras vidas sería impensable sin ti, que nos enseñas a darlos por terminados para de ese modo volver a nacer con la misma naturalidad. No creo entonces que te diferencies de la vida, aunque en la práctica parezca que te opones a ella. Temerte es temerle a nuestra propia existencia, cuyo sentido es cosa tuya y de ese extraño orden que te asocia con Dios. ?

Te necesito para aprender a amar. Hace poco me di cuenta de que las relaciones duraderas se afianzan atravesando ciclos de vida y muerte. Hay ilusiones que mueren definitivamente entre las parejas, confundiéndolas, haciéndolas creer que ha llegado el fin irreparable y provocando su disolución inminente. Ajusticias sin compasión a los enamorados, quienes no soportan tu llegada lapidaria y arrasadora de todo lo que no es real. Si tan sólo fuéramos capaces de enfrentarte con la misma desnudez con la que nos abordas, te dejaríamos matar nuestros engaños con tranquila inocencia, sabiendo que únicamente así será posible ir más profundo en la raíz del sentimiento que nos une a otra persona. Atravesaríamos en paz el desierto estéril aceptando la sequedad indispensable de la tierra, que con la gracia del tiempo va entrando en su merecido descanso mientras recupera la fuerza para volver a dar la vida.No son precisamente estas palabras un himno satánico, ni un mensaje suicida, ni una oda a la muerte como nos han enseñado a concebirla en las culturas occidentales, donde ésta es una realidad amenazante para los planes de nuestro ego, su principal víctima. Es todo lo contrario. Es la invitación a aceptarla en todas las instancias de la vida como necesario contrapeso para rescatar lo que realmente vale la pena. ?

Hemos atravesado la historia del universo estando mucho más tiempo muertos que vivos. Millones de años de huecos negros y cataclismos cósmicos para finalmente brotar de la eternidad convertidos en unos inexplicables seres “pensantes” que viven fracciones mínimas de algo que llamamos “tiempo”. A la luz de esa eternidad, ni el más genial, ni siquiera el más santo de los hombres dejará rastro. Este planeta, como los demás cuerpos celestes, seguirá el mismo ciclo de vida y muerte, desaparecerá igual que nosotros y todo lo que nace, se crearán nuevos mundos y así por los siglos de los siglos. Dónde quedan nuestras absurdas peleas, guerras y odios? Dónde toda esta parodia de naciones con sus estructuras contra natura, las fronteras, el dinero, la competencia por ser el mejor? Dónde la insignificante historia de este mundo con delirio de grandeza, ubicado en un punto remoto de una galaxia igualmente remota? Parece el olvido nuestro final inminente. Sin embargo, estamos vivos y eso no podemos olvidarlo en el momento presente. Es extraño que cuando vivimos momentos de inefable perdón los pensamientos de muerte desaparecen y cuando hacemos algo que nos apasiona, el tiempo deja de existir. En el ahora debe estar entonces el secreto de la eternidad, y tu, majestuosa muerte, un ángel del infinito que viene a recordárnoslo todos los días.

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