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Ni locas, ni especiales

Las personas con discapacidad suelen ser tratadas como niños. La sociedad no se ha dado cuenta que limita su derecho a la autonomía.

Por Redacción Cromos

04 de mayo de 2017

Personas con discapacidad
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Por: Matilda González Gil – @Matigonzalezgil

 

Se aproxima un nuevo y emocionante grito de independencia. El 4 de abril, en un evento público, se radicó un proyecto de ley que busca garantizar que las personas con discapacidad intelectual y psicosocial (por ejemplo, personas con síndrome de Down o con un proceso de salud mental como la esquizofrenia) puedan ser un poco más libres. Camila Lozano, activista con discapacidad intelectual dijo: “Queremos la inclusión total. Enfrentamos muchas barreras desde nuestro nacimiento por culpa de la mentalidad que hay en la sociedad sobre nosotros. Creen que somos niños eternos o que necesitamos la lástima. Nosotras podemos decidir sobre nuestra sexualidad, nuestra pareja, nuestro trabajo, nuestra salud, nuestra vivienda, nuestro deseo de reproducirnos”. 

 

Actualmente, a las personas con discapacidad pueden quitarles su derecho a tomar decisiones mediante un proceso legal llamado interdicción. A través de la interdicción, les nombran un tutor que no tiene la obligación de preguntarles nada antes de decidir por ellas. ¿Se imaginan que a uno le dijeran que no puede tomar las decisiones más simples de la vida? (abrir una cuenta en el banco, trabajar o casarse). Este proyecto de ley permitiría que las personas con discapacidad tomen sus decisiones, con los apoyos necesarios para hacerlo. 

 

Hay una escena en la película Las horas que retrata las tensiones que existen entre los tutores y las personas con discapacidad. Virginia Wolf, interpretada por Nicole Kidman, es una persona con discapacidad psicosocial que decide ir a la estación del tren sin avisarle a su tutor y esposo, Richard. Este se va corriendo a la estación y la regaña. Le pregunta por qué no le aviso para dónde iba. Ella le dice que extraña Londres (Richard y los médicos habían decidido –después de dos intentos de suicidio– que lo mejor para ella era vivir en los suburbios, lejos de Londres). Él le dice que la decisión la tomaron porque en los suburbios tendría más paz.

 

En un grito de independencia, Virginia le dice a su esposo: “En todos lados soy atendida por doctores que me informan sobre mis propios intereses. Me han robado mi vida… Este es mi derecho; es el derecho de todo ser humano. Escojo, no la sofocante anestesia de los suburbios, sino la violenta sacudida de la capital. Esa es mi elección. Incluso al paciente más miserable se le permite decidir sobre su propia prescripción. Así define su humanidad… No puedes encontrar paz evitando la vida”. Este proyecto de ley se trata de reconocer que la humanidad se encuentra en la posibilidad de escoger cómo se quiere vivir la vida. Que vivir sin independencia no es vida. 

 

 

Foto: iStock. 

Por Redacción Cromos

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