Esta carátula en especial se sale de la óptica y de la perspectiva de la saga de portadas de plano americano o tres cuartos de CROMOS, para acercarnos mucho pero mucho más en un primerísimo plano, con un rostro que tiene en sus facciones una historia dura, sensible y dolorosa. Desde que nos sentamos a conversar sobre su vida y sus astillas con el actual vicepresidente, Angelino Garzón, supimos que para que sus palabras llegaran y tocaran a la gente había que mostrarlo así, copiando el estilo de un gran fotógrafo como Martin Schoeller con sus Close Up. Era necesario traer su mirada al máximo y entrar en la geografía de su rostro, buscando llegarles de sorpresa a nuestros lectores, como aparecen de imprevisto ciertos acontecimientos frente a nuestras narices, sin darnos tiempo de verlos llegar. Igual, así nos paralizan y se roban nuestra atención. Entre sombras, blancos, arrugas, canas, brillos como perlas y asperezas, ahí está él, no solo el político, el sindicalista, el hombre pobre superado sino, sobre todo, el papá dolido por la muerte de su hija que, para completar la tragedia, represa en su corazón la zozobra de no saber qué fue lo que pasó esa noche de febrero de 2000 en que Jenny perdió la vida en casa de su novio. Poner esta cara no se trata de buen o mal gusto, sino de aproximar una historia conmovedora y volver a darle elocuencia. Se trata de una edición sin el anzuelo de «lo bonito», que quiere hablarle muy quedo al oído. Al toparnos de frente con esta gran cara, sin pose ni efectos, pretendemos que usted se pregunte qué tiene Angelino para decirle tan cerca… desde su humanidad.