Tiene compartimientos para cada tipo de desperdicio y un procesamiento especial para cada uno de ellos, por ejemplo, un compartimiento con lombrices de tierra que devoran los desperdicios orgánicos; hay otro que recicla el agua con que lavamos los tomates para que pueda servir para regar las matas.
Además, cuenta con tres microplantas de reciclaje que se encargan de procesar desperdicios sólidos (vidrio, plásticos, papel y metal, entre otros), líquidos y basura orgánica. El valor, sin embargo, es todavía incierto.