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Provincia de Huelva, más que 122 kilómetros de playa

Sus paisajes deslumbran a cualquiera, los colores del cielo elevan la imaginación y la calidez de la gente que enamora a sus visitantes.

Por El Espectador

15 de marzo de 2014

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El viaje inició con diez horas de vuelo, las expectativas eran grandes. Esperaba con ansías el momento de llegar. Primera parada: Estación de Atocha, Madrid. A partir de allí emprendí una aventura llena de sorpresas.

Luego de  una hora y media de trayecto en AVE, llegué a Sevilla. El olor a cigarrillo invadía la estación Santa Justa. Todos caminaban con mucha prisa incluido el grupo de periodistas colombianos con quienes yo viajaba. Allí conocí a Cayetano Toribio, un hombre canoso, con barba. Muy simpático y lleno de historias por contar. Nuestro guía durante todo el viaje.

Partimos hacía el primer destino: Aracena, fundado en el año 400 A.C. Cerca de una hora en carro, llegamos al Hotel Convento Aracena, antiguo Convento construido en el siglo 17. La bienvenida fue romántica, igual que el sitio. La energía llena de paz y tranquilidad, en pocas palabras el lugar ideal para descansar. Antes de cenar, recorrimos el hotel. Desde el techo hasta los muebles, lámparas y baldosas pensadas para enamorar a los huéspedes.

La reestructuración de las instalaciones tardó dos años, por lo que cada detalle es perfecto. La esencia del convento aún se mantiene. 

Al momento de cenar, comenzó la maravilla gastronómica. La variedad de jamones invadió la mesa junto a panes frescos acompañados de aceite de oliva. Soy fiel al vino tinto, y esta vez, no fue la excepción. A pesar del cansancio, la charla se alargó por unas dos horas. Las anécdotas de nuestros anfitriones fueron la entretención de la noche.

El llamado del segundo día fue muy temprano, 8:00 am. Para iniciar, jugo de naranjas frescas y un buen café. No me imaginaba que Aracena fuera tan hermoso e imponente. Me bastó abrir las cortinas y deslumbrarme con un paisaje absolutamente perfecto. 8.500 habitantes viven en el pueblo en el que sólo existen casas blancas. La razón: este color repele el calor y la claridad en exceso. Anualmente Aracena recibe 3230 horas de luz solar.

 

El hotel convento Aracena es un lugar perfecto para alejarse del ruido de la ciudad.

A medida que recorríamos el pueblo, la arquitectura colonial me dejaba sin palabras. A pesar de los siglos, el pueblo transmite una atmosfera de ensueño. Del centro de Aracena pasamos a la Gruta de las Maravillas que guarda una leyenda que cuenta que un pastor perdió su oveja y al buscarla se encontró con una especie de cueva definida por expertos como «una cavidad de origen cárstico». Gracias a la penetración de agua, las paredes de la cueva han formado un bellísimo mundo bajo las casa del pueblo. Luego de nuestro recorrido por el cautivante universo subterráneo y ya con los rayos del sol sobre nuestros rostros, emprendimos un viaje por las carreteras del sur de la provincia rumbo a las bodegas de  Jamones Eíriz, lugar donde crían al cerdo ibérico, que basa su alimentación de bellotas regadas por campos infinitos. Definitivamente vale la pena visitar este lugar, pues de la mano de los maestros jamoneros es posible conocer el paso a paso de la crianza de este animal que luego brinda un manjar exquisito llamado jamó ibérico de bellota.

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La visita alrededor de los campos de Jamones Eíriz tardó casi tres horas para luego ser recibidos en una casa que parecía sacada de un cuento. Pasando por un patio con miles de flores de colores, llegamos a un salón decorado con pequeños adornos, manteles y fotos de la familia. Allí aguardaba por nosotros un espectacular banquete compuesto por tablas de quesos, jamones y por supuesto, un delicioso vino tinto. Entre charlas, chistes e historias de nuestros anfitriones llegó el momento de partir. Y como dicen por ahí con «barriga llena corazón contento» nos fuimos rumbo las Minas de Riotinto.

Los paisajes del pueblo son mágicos, los colores que produce el amanecer y atardecer son de ensueño. Las casas son todas blancas, pues el color repele el calor manteniéndolas frescas.

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Las minas de RioTinto fueron explotadas por más de dos décadas, su producción estaba alrededor de 6000 Kg de oro.

 

Debo confesar que durante el trayecto, la llenura me traicionó y el sueño se apoderó de mí, sin embargo el asombro de mis compañeros de viaje al parar la camioneta me despertó. Ante mis ojos: una montaña de tonalidades rojas, cobrizas, amarillas y beige. Cayetano nos contó que esta, la mina de RioTinto fue explotada por más de 20 años, ya que producía alrededor de 6000 Kg de oro y cuando dejó de ser rentable, la compañía RioTinto la abandonó. Produzca oro o no, esta mina es una maravilla natural cargada de colores.

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Kilómetros más adelante, llegamos a  Cerro Colorado, un barrio colonial victoriano fundado en el XIX por ingleses dueños de las industrias que explotaban las minas. Más que explorar y admirar la arquitectura victoriana, Cerro Colorado me transmitió una vibra fantasmal y algo pesada.

La puesta de sol pudimos verla mientras regresábamos a Huelva, nuestro destino principal y que aguardaba por nosotros con una agenda bastante diversa. Nuestra primera noche deleitamos el paladar en el restaurante Acánthum, propiedad del galardonado chef español Xanty Elías, quien ha recibido premios como «La mejor tapa de Huelva«, «Joven Emprendedor» otorgado por la revista Ejecutivos, entre otros. Esta experiencia gastronómica fue sencillamente increíble y asombrosa, pues cada uno de los platos servidos tenía un giro que definitivamente debe ser recordado por los comensales que visiten Acánthum.

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*Sugerencia del chef: tallarines de choco.

 

Al siguiente día luego de disfrutar una maravillosa cena, partimos muy temprano para cumplir un itinerario muy gastronómico. Recorrimos el centro de la ciudad para llegar al mercado El Carmen, especializado en una gran variedad de mariscos frescos traídos directamente del puerto marítimo de Huelva. Desayunamos los típicos churros con una taza de chocolate que por supuesto recargó las energías.

Si quiere conocer el espíritu de Huelva no dude en visitar este lugar, pues allí es posible observar de primera mano cómo las familias madrugan para adquirir gambas frescas, calamares deliciosos y frutas y verduras de la temporada. La calidez de los dueños de los puestos de comida es divertida, hablan muy rápido y asumen que uno conoce cada uno de los productos que ofrecen.

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Luego de un particular paseo por el mercado, nos dirigimos hacía Triguero, lugar en el que se encuentra ubicado uno de los cortijos más importantes de España: Los Millares.

 

PARA VISITAR:

Espacio Natural Doñana

 

Muelle de las Carabelas

Absolutamente mágico y poderoso es este lugar, en el que además de criar al cerdo ibérico de bellota, se encargan de cuidar a los toros usados en espectáculos taurinos. A pesar de que no soy fanática de las corridas, me sorprendí al conocer cómo estos animales viven como reyes toda su vida para después ser sacrificados en este tradicional show español.

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Los toros nos demostraron su imponencia y soberbia. Al llegar a sus campos, el líder de la manada nos observó firmemente, sin quitarnos los ojos de encima. Paco, quien se encargó de presentarnos el lugar explicó que «estos animales son inteligentes. Al percibir una presencia desconocida, el líder observa detenidamente a quien llega. Si no teme, seguramente se volteará e ignorará. Si se siente amenazado, comenzará a respirar más fuerte y echarse tierra con las patas traseras. Si esto sucede ¡huya!».

Sin tropiezo en el camino, nos adentramos en las dehesas «campos en donde crían al cerdo» y vimos muy de cerca varios grupos de toros. Es fascinante la pureza de estos animales y mientras los miraba pensaba ¿Por qué los crían como reyes para luego matarlos desalmadamente? Un interrogante que aún sigo sin resolver.

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Pasadas las doce terminamos el recorrido. En la Hacienda nos esperaba un increíble banquete de jamones, quesos, gambas, panes, encurtidos y cerveza. Simplemente delicioso.

Este viaje fue una experiencia exquisitamente gastronómica. Vale la pena visitar la Provincia de Huelva, por sus paisajes, su gente, su ambiente y sobretodo, por la tranquilidad que genera cada uno de sus lugares.

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El mercado El Carmen es un lugar obligado para visitar en Huelva. La calidez de los dueños de los puestos de comida es divertida, hablan muy rápido y asumen que uno conoce cada uno de los productos que ofrecen.

 

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