Hay un video de los hinchas de River pateando un cerdo en la calle. Celulares en mano, lo masacran, lo torturan, lo lanzan al aire mientras gritan «¡muerte a Boca!»…es tan impactante y crudo que ahí mismo uno se acuerda que las imágenes virales pueden herir. Reconozco que el morbo me pudo y me arrepiento de haberlo visto.
También me arrepiento de estar escribiendo esta nota. Antes no había vivido una crisis con el fútbol. Sin pelos en la lengua, afirmo que nuestro amor se ha terminado. Estaba esperando una coyuntura como la final fallida para replantearme la relación. De pronto hacer una dieta, reducir el tiempo frente al televisor u olvidarme de él para siempre. Me quedo con la última opción.
En el River versus Boca me moría de ganas por ver al ganador y al perdedor. Me daba igual la camiseta que levantara la copa. Realmente lo único que interesaba era dejar grabado en mi memoria el día en que dos históricos definirían para siempre su relato biográfico. ¿Cuántos hinchas de River nacerían tras la victoria millonaria? ¿Cuántos de Boca se tatuarían la fecha de la inolvidable victoria? ¿Cómo se las arreglaría el subcampeón para sobrevivir al manoteo?
Repaso en este texto las preguntas que iba a resolver para no decirlas más. Y para quedarme callado en las conversaciones alrededor del partido. Sí, hay que pasar la página, olvidar lo ocurrido y firmar el acta.
Porque detesto a los hinchas que piden plata en las fueras del estadio, porque no me puedo sacar de la cabeza el asesinato del cerdo en las afueras del estadio Monumental, porque la prensa está feliz recreando el reality interminable de la final que no fue, de manera oficial comunico que me divorcio del fútbol.
Le digo adiós a los portales deportivos, a los estúpidos programas de televisión, a las transmisiones y a todo lo que huela a barrabravas, presidentes de clubes y federaciones.
El escritor español Javier Marías dice que el fútbol es la recuperación semanal de la infancia.¿La infancia de un adulto de 32 años se puede matar? La respuesta es sí, con mayúsculas. Y no solo con piedras. Para matarla se necesita mucho más y el fútbol ya hizo suficiente para dejar de recuperarla.