Dejamos que nos habiten las distintas circunstancias, como una voz fresca que carga palabras milenarias como tradición, unión, admiración, respeto, amor y patria.
Frente a los tiempos modernos —atropellados y vertiginosos— llenos de atajos tecnológicos, gestos virtuales y nuevas costumbres digitales, asumimos los cambios, pero no dejamos de hacer visitas, de hablar mirando a la cara y de andar despacio, muy despacio. Tratamos de mostrar nuestras historias en tiempo lento, con el goce y el respeto del que quiere recordar.
Somos minuciosos en imágenes y detalles, en un ejercicio de reteñir, de gritar las cosas que son esenciales para nuestra actualidad y nuestra propia salud mental.
Que hagamos la pausa a la hora de contemplar, no quiere decir que nos paralizamos en la estupefacción o el asombro, sino que avanzamos propiciando encuentros que enriquezcan nuestra realidad y sus comentarios. Esto fue lo que hicimos en la portada de esta nueva edición, llevando a la gente del arte al campo de nuestro presente político.
Hay lugares donde nos sentimos más colombianos, eso es Cromos para cualquier ciudadano. Como la Plaza Botero, las Murallas de Cartagena, la Hacienda El Paraíso en el Valle del Cauca, la Sierra Nevada de Santa Marta, la Catedral de Sal de Zipaquirá, el Cabo de la Vela, el Cañón del Chicamocha y el Parque del Café, entre otros lugares emblemáticos, la revista Cromos es un espacio que nos acentúa lo bello y sensible de nuestra nacionalidad y nos hace avanzar.
Ilustración: Betto.