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Solo queda volver a mirarla

Así como los papás de las reinas ven a sus hijas como las mujeres más bellas y así lo pregonan a los cuatro vientos, con la misma pasión CROMOS se encarga de verlas y fotografiarlas pero como competidoras de una glamurosa carrera donde gana la más bella.

Por Jairo Dueñas

17 de noviembre de 2010

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Y ser la más bella significa la suma de ciertos ingredientes que marcan una diferencia y resaltan el poder seductor femenino. No es únicamente la aproximación a unas medidas parecidas al 90-60-90; no es únicamente tener una cara bonita ni ser una mujer alta; no es tener una gran dosis de simpatía; tampoco creerse única ni, mucho menos, la más infantil e ingenua, o la más madura y experimentada.

No es una sola cosa sino la mezcla justa de todas. Y el momento de percibirlas no es muy extenso, en los días apretados de un reinado. La hora de la verdad son apenas minutos. Son apenas instantes fugaces y de eso depende todo frente al jurado. Y esta vez el jurado vio lo que nosotros no vimos. Esta vez el tiempo del Minicromos fue muy distinto al tiempo del reinado, y la reina no fue una de nuestras favoritas sino uno de nuestros consabidos “palos”.

Y como en cualquier competencia, y más si es de belleza, hay que admitir que los cálculos llegan hasta un punto y de ahí en adelante entramos en los criterios de los jueces que dictaminan algo que no es medible, que entra en el campo de lo subjetivo. Y si este año es el de la excepción, y nuestra reina elegida no quedó en las páginas de nuestras seguras ganadoras sino en las que podrían dar la sorpresa, créanme que no es que se nos acabó la suerte del tahúr, porque no se trata de suerte sino de la concentración de todos los años de nuestros periodistas y fotógrafos, con sus ojos fijos en todas las reinas, mirando sus pros y sus contras.

Esta vez, simplemente, no vimos con tanta claridad lo que ellos vieron tan seguros y con tanta certeza. Ahora, con su veredicto, es importante recordar la entereza y el valor de una mujer como

María Catalina Robayo VargasSeñorita Valle, quien el año pasado, por cosas del destino y de los abogados, tuvo que dejar el Concurso Nacional de Belleza® con el pesar de su alma y, sin embargo, con la mejor disposición de ánimo, sin odios ni rencores, aceptó volver en 2010 para terminar lo que había dejado inconcluso. ¡Y lo logró! No sólo para representar con pasión al Valle sino para llevarse la ansiada corona para su departamento. Sólo queda volver a mirarla.

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