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Tecnología: ¿Libertad o Esclavitud?

¿No es más romántico recibir una carta de amor escrita a puño y letra?

Por Antonio Sanint

13 de junio de 2016

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Nos encanta la tecnología. Nos tiene embrujados, embobados, alienados y, no exagero cuando creo que hasta un poco, digámoslo: enamorados.

Según estudios recientes, sensaciones como la de destapar o sostener en las manos un nuevo iPhone estimula una parte del cerebro que se asemeja a la recompensa de enterarse por primera vez que la mujer que a uno le gusta le corresponde en sentimientos. En otras palabras, el cerebro está igualando un pequeño milagro tecnológico con una mirada, un roce de manos o hasta un primer beso.

A todos nos está pasando y yo no soy una excepción.

Que Shazam logre «oír» una canción que suena en un bar y no solo me diga cuál es la banda que la toca sino dónde puedo conseguirla es para mí razón suficiente para idolatrarla; que Waze evite que yo pregunte en cada esquina de un pueblo: «Perdón, ¿por dónde es la salida a San Gil?”, y que mi familia en el carro juzgue injustamente que soy un desorientado que no sabe para dónde va, es argumento suficiente para admirarla; o que Spotify me traiga toda la música que tuve, tengo y que tendré en cualquier lugar del mundo en mi pequeño dispositivo móvil es justificación suficiente para venerarla.

Eso, sin tener que entrar en detalles de los programas y aplicaciones diarias que nos permiten escribir y corregir textos, llamar desde cualquier parte del mundo, hacer compras sin billetes o encontrar las respuestas para todas nuestras dudas en diccionarios globales que desinteresadamente nos evitan quedar como ignorantes en reuniones sociales.

Pero con todos estos «regalos» de la era digital, ¿estaremos entrando como humanidad a una mejor vida? ¿O a una peor? ¿O simplemente a un nuevo mundo, que los adultos más rezagados rechazaremos por una negación normal de la edad?

Los que están leyendo esto en una página de papel real pensarán, como yo, que la magia de la vida se está perdiendo un poco, pero los que están leyendo esto en un blog o en un tuit afirmarán que lo que está pasando es más que normal.

¿No creen que para todos es mejor que las conversaciones familiares de sobremesa duren horas, en vez de que todos, abstraídos, se sumerjan en su chats?

¿No es más romántico recibir una carta de amor escrita a puño y letra?

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¿No es mejor terminar una relación personalmente en lugar de enviar un mensaje de texto?

¿No es mejor llegar a la casa de la abuela y preguntar cómo siguió, en vez de preguntar si hay wifi? ¿No es mejor preguntarle a una persona cuando uno está perdido, esforzándose por desarrollar habilidades sociales, que encontrar la ruta en aplicaciones que nos apartan cada día más de esa necesidad inherente de ser humanos?

¿O será simplemente que algunos nos estamos volviendo viejos?

Ilustración: Jorge Ávila.

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