La condesa italiana Pilar Crespi se casó el 8 junio de 1973, en el palacio de su familia en Florencia, con el colombiano Gabriel Echavarría Obregón, hijo del industrial Hernán Echavarría. Para la ocasión, fueron enviadas 2.000 tarjetas de participación, y la ceremonia contó con invitados de todo el mundo. La novia, de 22 años, y el colombiano, de 29, se conocieron en Bahamas en 1967 y comenzaron su noviazgo en 1970, cuando se vieron en Nueva York, según el relato publicado en CROMOS y firmado por Gloria Pachón de Galán, corresponsal de la publicación en Roma. La novia trabajó como asistente de dirección de Vogue y fue jefe de relaciones públicas de la casa Valentino, su modisto favorito, y quien, cómo no, diseñó su traje de novia en delicado lino blanco.
Las novias buscan que su traje de bodas sea único, una suerte de sueño cumplido, que las destaque y que, sobre todo, exprese sus sentimientos y su gusto por la moda. Una pieza inolvidable, con sellos muy personales, necesita, entonces, un diseñador que lea, comprenda y traduzca los deseos de la novia.
Pilar Crespi en los años 70 eligió a Valentino, para su boda en el verano de Florencia, y este 2015 Catalina Zuluaga Maya se decantó por Vera Wang para su boda en Cartagena.
Sin duda, la diseñadora de Nueva York cifra su éxito en los espléndidos trajes de novia que logra crear y Catalina acertó al elegirla para su boda en la noche de San Valentín. El diseño, sin tirantes y de silueta sirena, destacaba la figura petite de Catalina, que primero la envolvía y luego remataba con generoso volumen en la falda.
Valentino Garavani. Su educación de moda la recibió en Milán y en la Escuela de la Cámara Sindical de Alta Costura de París.
Valentino, quién vistió a Jackie Kennedy para su boda con Aristóteles Onassis, y a Elizabeth Taylor para su octava boda, es la exquisitez pura. Trabajó primero con Dessés y luego con Laroche. En 1959 abrió su propia casa de moda en Italia. La colección de 1962, presentada en Florencia, lo dio a conocer al mundo.
La exuberancia de sus diseños y el cuidadoso detalle de elaboración de cada traje son el sello de identidad Valentino, tal como se aprecia en el documental El último emperador. Los vestidos son cortados, cosidos y bordados a mano sobre el cuerpo de las modelos. Tras 45 años de trabajo se retiró en 2008.
Fotos: Archivo Cromos