Con esa consigna disfrutan año tras año los nariñenses sus tradicionales
fiestas, una de las más reconocidas del país. Del 3 al 6 de enero salen a
las calles de San Juan de Pasto a jugar con harina, talco y betún, mientras
que aprecian la belleza de las carrozas construídas por artesanos de la
región.
Por El Espectador
05 de enero de 2011