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Wílber Honorio Muñoz, el héroe del Magdalena

Se bautizó Súper H y se la pasa nadando por el Magdalena, desde su Neiva natal, para enseñarles a los niños de las riberas a cuidar la cuenca del río.

Por Dora Glottman Giraldo

07 de abril de 2015

Wílber Honorio Muñoz, el héroe del Magdalena
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La primera vez que hablé por teléfono con Wílber Honorio Muñoz, conocido en Neiva como Súper H, me preguntó si para la entrevista debía llevar su traje de superhéroe acuático o el terrestre. La pregunta me hizo sonreír. «Ambos», le contesté. ¿Qué más podía decir? Llegó con traje de Súper H terrestre y comprobé que, en efecto, es un superhéroe. Wílber Honorio es un héroe por la convicción con que día a día lleva el mensaje de su personaje a los colegios e instituciones para niños en el Huila. Súper H les enseña a los niños a cuidar y a respetar el río Magdalena. Es un héroe porque le da prioridad a ese mensaje, por encima de las miradas tal vez burlonas e incrédulas de quienes lo ven pasar: un hombre hecho y derecho, disfrazado de azul. 

La entrevista la concedió frente al Magdalena, con el traje acuático: un vestido azul de licra, pegado al cuerpo y con una letra H en el pecho. Wílber Honorio, además, tiene el pelo pintado de azul. Confieso que, inicialmente, no se me borraba la sonrisa del rostro. Al fin y al cabo, era la primera vez que entrevistaba a un superhéroe, un adulto disfrazado que evidentemente tomaba muy en serio su papel. Pero esa sonrisa fue desapareciendo y pronto entendí la seriedad y la urgencia de la tarea a la que dedica su vida. 

Súper H nació como por arte de magia. En 2010, Wílber tuvo una idea atrevida. «Fue una locura para muchos –confiesa–, se me metió en la cabeza nadar el río Magdalena y empecé a trabajar en ello. Entrené mucho y, finalmente, lo conseguí. Nadé todo el río Magdalena desde San Agustín hasta Barranquilla». La travesía duro 34 días. Muñoz nadó 1600 kilómetros y pasó por más de cincuenta municipios. Lo que comenzó como un reto personal, término transformándolo: el río necesitaba alguien como él que se sumergiera en sus aguas y sintiera su sufrimiento y su deterioro. 

 

Se enfermó. Se le llenó el cuerpo de hongos, contrajo otitis y otras infecciones relacionadas con el agua contaminada. Pero no por eso abandonó su travesía. Mientras él nadaba sin descanso, el río producía su magia.

 

«Encontré el río muy mal, empezando por las aguas negras, por los químicos que depositan de los cultivos, por los pesticidas y el aceite de los carros». Se enfermó. Se le llenó el cuerpo de hongos, contrajo otitis y otras infecciones relacionadas con el agua contaminada. Pero no por eso abandonó su travesía. Mientras él nadaba sin descanso, el río producía su magia. Durante esas largas horas en el agua, Wílber Honorio pensaba en cómo ayudar al río, cómo recuperarlo, descontaminarlo, salvarlo. Así fue gestándose en su cabeza la idea de dedicar el resto de su vida a enseñarles a los niños de las riberas a cuidarlo. Imaginó sesiones de limpieza en la orilla del río, actividades recreativas cuya meta sería educar a los menores sobre las especies nativas que defendían el caudal y, sobre todo, soñó con la manera de comprometer a los niños de por vida. 

Valiosas fueron esas horas entre las aguas del Magdalena para Wílber Honorio… y para el río. 

Cuando terminó su aventura, sus amigos lo esperaban a la orilla del río, en Neiva, para celebrar. Al salir del agua, uno de ellos dijo: «Este man ya no es Honorio, es Súper H». Lo que sus amigos no podían percibir era que, en efecto, Honorio ya no era el mismo. Súper H. Apenas escuchó ese nombre, supo que ese sería su destino: crear un personaje con el que llevaría su mensaje de conservación a los niños de la región. Diseñó su traje azul, imprimió unas cartillas con las aventuras de Súper H por el Magdalena y se puso a disposición de los planteles educativos.  

Cuatro años más tarde, sus sueños bajo el agua se han convertido en realidad. En Neiva todos saben que un héroe vive en la ciudad. Tal vez los foráneos tarden un poco en acostumbrase a su traje y su pelo azul, pero solo hace falta ver el respeto que le tienen adultos y niños y el amor que ha logrado inculcar por el río, para que deje de ser un hombre disfrazado de azul y se convierta en el héroe que, por arte de magia, salió de las aguas del Magdalena para salvarlo. 

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«Alguien nos decía esta mañana: son unos Óscar pequeñitos, pero este es un Óscar grandísimo para nosotros. Yo creo que los actores no sienten lo que en este momento yo estoy sintiendo. Muchas gracias a todos.» Wílber Honorio muñoz

 

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