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Chicas al mando, un documental sobre el poder y la libertad

El documental, cuenta la historia de cinco mujeres que intentan construir un puente entre ellas y los hombres de sus regiones.

Por Redacción Cromos

05 de junio de 2017

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Por: Karen Rodríguez Rojas / @KarenRRodriguez

 

“En el momento en el que ya no existen leyes que sometan a las mujeres, la cultura ocupa el lugar de esas leyes. Es una manera de mantener la dominación de una forma más sofisticada”, dijo la escritora Laura Freixas, en una conferencia, en febrero de este año. La española ha sido una de las abanderadas en temas de género en el mundo. Sus reflexiones hablan de la necesidad de legitimar lo femenino en cada cultura para que ellas sean reconocidas como iguales.

 

Como Freixas, otras mujeres han buscado herramientas para hacerle frente a la discriminación y a la violencia en sus comunidades. Entre ellas están las protagonistas de Chicas al mando (Girl Connected, 2016), un documental dirigido por el holandés Koen Suidgeest, que cuenta la historia de Josí, Michelle, Latifa, Ghazal y Ayesha. Es un relato de sus luchas, sus padecimientos y, lo más importante, sus triunfos. Pequeñas victorias que en una cadena se convierten en grandes revoluciones.

 

A Suidgeest le molesta la injusticia. Desde temprana edad vio que muchas mujeres no recibían el mismo respeto ni reconocimiento que los hombres, aunque lo merecieran. Debatió con sus compañeros abiertamente estos temas de género y reconoció la importancia del respeto mutuo entre hombres y mujeres. A los 15 años, esta motivación lo llevó a declararse feminista públicamente. 

 

Hoy sigue trabajando por reconocer a aquellas que luchan en contra de la discriminación sexual, por escuchar sus historias y ponerlas en escena, como lo hizo con las protagonistas de su más reciente documental. Para él, empoderar a una mujer es “ayudar a crear una sociedad en la cual existen la igualdad y la tolerancia. Donde las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres, y nadie es reconocido por su sexo sino por sus logros”, le explicó a Cromos.

 

Su trabajo, que se ha caracterizado por darles voz a aquellos que han sido víctimas del sistema, se ha centrado en las  vidas de mujeres vulnerables de diferentes comunidades. Su interés es reconocer sus batallas y mostrar la importancia de que ellas se conozcan a sí mismas, rompan con sus propias barreras y sean reconocidas como iguales dentro de una sociedad patriarcal. Su búsqueda consiste en dejar de ver a las mujeres como una parte y a los hombres como un todo.

 

1. 

 

Ghazal, Jordania (17 años)

 

En Oriente Medio, muy cerca de Siria e Irak, está Jordania. Allí vive Ghazal. “No sé si ellos piensan que lo que hago es liberal y peligroso, pero me acusan de alentar a las chicas a traspasar barreras. Ellos no creen que deberían otorgarnos la libertad que pedimos”, explica en el documental. Su labor es clara: promover la creatividad entre sus compañeras a través del reciclaje y motivarlas a cambiar la forma en la que viven. Romper los estereotipos.

 

En la escuela fue la primera niña en jugar fútbol, en eliminar los límites que las mismas mujeres han establecido. A algunos les parece extraño que se haya arriesgado a cambiar ciertos aspectos de su cultura, a pintar las calles de Ammán o a conocer la historia de sus habitantes, pero ella está convencida de que así alienta a otras jóvenes a que cambien su forma de ver el mundo.

 

Aunque Ghazal le teme a morir sin haber generado un cambio positivo entre los suyos, desde ya embellece el alma de los extraños que se animan a contarle sus historias. Ella  luego las publica en Humans of Amman, un proyecto de fotografía fundado en el 2012, que busca capturar retratos sin pensar en el género, la raza o el color se sus protagonistas. 

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Mientras sus entrevistados le hablan, ella escucha atentamente. Al final les toma  un retrato, con el que sellan un pacto de generosidad y empatía. Todas esas voces le dejan lecciones que enriquecen su propósito de difundir el sentido de unidad entre su comunidad. Ella espera cumplir sus sueños e impulsar a otros a que hagan lo mismo. En ese proceso también espera que terminen los tabús. 

 

2. 

 

Josí, Perú (17 años)

 

 

Pucallpa, al este de Perú, es la ciudad con el índice más alto de embarazos adolescentes del país. En la organización Líderes en Tiempo Libre (LTL) trabaja Josí, una joven activista que busca que tanto hombres como mujeres tengan mayor acceso a la educación sexual. “No es fácil estar bien informado. A pesar de tener padres que te eduquen bien, ellos pueden darte mil consejos, pero, si no los tomas como debe ser, es como si en realidad no tuvieras padres”.

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Mientras camina por las calles de su ciudad, acompañada por un megáfono, invita a los chicos a que vayan al parque de la juventud, en donde realizarán un evento para ellos. Piensa en los casos de mujeres embarazadas, entre los 11 y 15 años, que en el 2015 fueron 1.538, de acuerdo con datos del Registro Nacional de Identificación y Estado Civil; y en las niñas que, por ignorancia, han contraído enfermedades de transmisión sexual. Por eso, su vida transcurre entre sus estudios de Contabilidad y las campañas de capacitación sobre sexualidad.

 

El mensaje siempre es el mismo: “Tener un hijo es una decisión del hombre y la mujer. Nosotras también podemos decidir y exigir el uso del preservativo. No tengan vergüenza”. Ella espera ayudar a que las mujeres sean conscientes del  poder de decisión que tienen sobre su cuerpo y de la importancia de no quedarse calladas ante cualquier tipo de violencia.

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3. 

 

Michelle, Kenia (19 años)

 

 

En Kenia, Michelle trabaja por enfrentar los estereotipos de su cultura, para que las mujeres de Nairobi tengan mayor confianza y capacidad de liderazgo. “Crecer en Kenia, siendo mujer, es muy difícil. No debes ser muy abierta, no debes hablar mucho sobre lo que piensas. Nos faltan modelos de conducta, nos falta gente a quien admirar. Ese es un gran problema”.

 

Michelle fue la base de su familia. Durante su infancia, muchas veces se fue a dormir con hambre porque sus padres pasaban por una crisis financiera. A pesar de ello, se mantuvo fuerte para animar a los suyos e impusarlos a conservar la esperanza. Esos momentos de tristeza, desasosiego y dolor fueron la motivación para estudiar Ingeniería Aeronáutica, para hacer lo que quería y para demostrar que esos oficios no son solo para hombres, que el lugar de una mujer no está en la casa o como empleada de un hotel.

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Convencida de ello, trabaja como mentora en el programa Akili Dada, que busca formar a la próxima generación de mujeres líderes africanas. La idea es que, a través del reconocimiento de sus derechos, ellas inspiren a otras a creer en sí mismas y se conviertan en un ejemplo para su comunidad. “Me preguntan muchas cosas: por qué trabajas con mujeres, por qué les das poder a las mujeres a expensas de los hombres… Les tengo que explicar que el empoderamiento de la mujer no le quita al hombre su lugar en la sociedad”.

 

4. 

 

Latifa, Bangladesh (14 años)

 

 

Cruzando el océano Atlántico está Latifa. Vive en Gopalganj (Bangladesh), una ciudad con calles arenosas y atravesada por un río. “Cuando tenía 12 años, intentaron casarme; les dije que preferiría morir antes de hacerlo. No está bien que una mujer se case cuando aún es una niña, porque no tiene la oportunidad de cumplir sus sueños”, asegura en Chicas al mando.
 

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Cuando Latifa iba en sexto intentaron casarla porque sus padres tenían poco dinero y no había suficiente comida. Ella se resistió, se negaba a dejar sus estudios y abandonar sus sueños. Su madre la apoyó, porque sabía, mejor que nadie, cómo se sentía eso de casarse antes de crecer. No quiso que la historia se repitiera, esperaba que su hija fuera independiente antes de conformar una familia.

 

Todos los días, Latifa reúne a las jóvenes de su comunidad. Van, de puerta en puerta, convenciendo a las familias de invertir en educación e impedir el matrimonio infantil. Insisten en la posibilidad de decidir en un país en el que las niñas son casadas antes de cumplir los 16 años. Según un informe de Unicef, en el 2011, un tercio de las mujeres de Bangladesh se casó a los 15 años y un 66% antes de los 18.  “Si podemos prevenir estos matrimonios, nuestra sociedad avanzará. Aunque solo logremos detener uno será un gran logro”. Para ella, cada uno de esos pequeños resultados son la inspiración de muchas otras mujeres.

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5. 

 

Ayesha, India (19 años)

 

 

En India vive Ayesha, una karateka que les enseña a otras mujeres prácticas básicas de defensa personal, para que al caminar por la calle se sientan, al menos, más tranquilas. “Acá no se permite que las chicas vayan a ninguna parte, tienen que estar encerradas en sus casas. Pero las mujeres podemos sentirnos más seguras, avanzar sin miedo”.

 

En las calles de la India, las mujeres transitan con temor. Las noticias con frecuencia cuentan sobre casos de agresión sexual y física. Según un informe del Contralor y Auditor General de ese país, delitos como la violación, el abuso sexual y el acoso se han disparado: del 2010 al 2015 han aumentando un 60%. Asimismo, un informe de la Oficina Nacional de Registro de Delitos concluyó que hubo 337.992 denuncias de violencia, violación, crueldad y secuestro contra las mujeres en el 2014, un  9% más que en el 2013.

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Ayesha, en vez de asustarse, ha querido aportar a la problemática. Los domingos, mujeres de todas las edades se reúnen para aprender karate con ella, quien  ha derrotado a contrincantes de 40 países. Esta joven fue la primera musulmana en ganar tres medallas de oro en eventos internacionales. El más reciente fue el Campeonato Internacional de Karate, en Bangkok, que se realizó en el 2015. Con su talento ha fortalecido a las mujeres de la India.

 

“Durante las clases me convierto en una leona.  Mi sueño es ser entrenadora de karate y ser un ejemplo para otras niñas. Las llenaré de confianza, haré que sean valientes y volverán a las calles mucho más fuertes”.

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¿Dónde ver Girl Connected?

 

El documental fue producido por ITVS –organización que financia la realización de documentales– con la colaboración de Women and Girls Lead Global –asociación público privada de USAID, la Fundación Ford y ITVS, que promueve la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en el siglo XXI–. La producción llegó a Colombia bajo el nombre Chicas al mando y se podrá ver a través de RTVC Play hasta el 31 de diciembre de este 2017, como parte de su campaña ‘El machismo mata’.

 

Fotos: Koen Suidgeest / ITVS.

Por Redacción Cromos

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