En el libro Cuerpos Equivocados de Adrián Helien y Alba Piotto, se define a un transgénero “como una persona que no se siente cómoda con su sexo de nacimiento. No implica ninguna forma específica de orientación, ni existen alteraciones cromosómicas que alteren el sexo de las mismas.
Pueden identificarse como heterosexuales, homosexuales, bisexuales o asexuales”. Es decir, ser transgénero no es una enfermedad ni una condición clínica como se afirma en la actualidad.
Sin embargo, ¿por qué se sigue clasificando, señalando e incluso juzgando esta condición?
De acuerdo a la investigación de la Universidad de Carolina del Norte, desde los 3 años de edad los niños empiezan a desarrollar su identidad y muestran señales de identificación del sexo opuesto. La investigación también indica que los niños transgénero no tienen desorden físico ni malformación en sus órganos sexuales, sólo experimentan una desconexión entre su sexo biológico y su género el cual incluye conductas, roles y actividades.
Factores que pueden evidenciar un caso transgénero
La inconformidad con su género, es una de las señales más evidentes cuando los niños manifiestan su deseo de querer ser del sexo opuesto. Los niños transgénero suelen rechazar su aspecto físico y a la par de su crecimiento ocultan las cosas que no les gustan de su sexo de nacimiento.
El autoaislamiento es uno de los patrones más frecuentes en el reconocimiento de los niños con estas características, suelen sentirse incómodos en grandes grupos, sobre todo con gente de su propio sexo. La mayoría de las veces prefieren estar solos o buscan un soporte en otros niños de género diferente.
Charlas de género. Los niños transgénero suelen sorprender a sus padres con preguntas relacionadas con su género. Estas actitudes pueden hacer parte del crecimiento y ser superadas con el tiempo.
Cuando un niño empieza a identificarse como parte del género opuesto, no se puede determinar si es algo permanente, así que cuando atraviesan la etapa de transición de género, esta debe realizarse gradualmente en acompañamiento constante de su familia.
Expertos recomiendan esperar a la adolescencia para cambios definitivos.
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