El embajador está cumpliendo tres décadas. Es el embajador que se hacía entender con palabras y gestos, pero que curiosamente entendía todo lo que le decían. Estamos hablando de El embajador de la India (1986), una comedia colombiana que narra las mentiras de un desempleado que, a punta de ingenio y mentiras, se hace pasar por funcionario del gobierno indio. Inspirada en un caso real sucedido en Neiva, Mario Ribero la hizo película, que lo marcó donde quería que lo marcara: gracias a la historia del inolvidable mitómano, siguió sumergiéndose en el cine, el teatro y la televisión.
En pleno aniversario, quizás poco es el público que se acuerda de El embajador y mucho el que lo tiene de Yo soy Betty, la fea (1999), telenovela que también dirigió con maestría. Sin embargo, paradójicamente, los derechos de autor de ambos trabajos no se le han reconocido y esa es la espina que a Mario más le duele. “En toda América, solo de Argentina he recibido mis derechos de autor, y fue por Yo soy Betty, la fea. De los demás países no, porque en Colombia no se reconocen”. Las palabras del santandereano suenan como un grito de denuncia, lo mismo que sus respuestas de nuestra Tómbola.
Un maestro
Serguéi Guerásimov, que hizo 72 películas, la última La Vida de Tolstoy. La escribió, la dirigió y él hace de Tolstoy. Me escogió entre muchos y condujo mis estudios como director de cine, teatro y televisión durante cinco años, en el Instituto de Cine de Moscú.
Lo más difícil de hacer El embajador de la India
Convencer a muchos de mi capacidad y talento. En ella denuncio el desprecio por lo nuestro, por nuestro talento. La película ha sido exhibida en innumerables lugares durante 30 años. Nunca he recibido un solo peso por mis derechos de autor, todo porque en Colombia no se reconocen.
Y lo más sabroso
Haber logrado plasmar una historia que crece con el tiempo. La película se convirtió en un clásico del cine colombiano. Este año se cumplen 30 de su realización.
¿Qué fue lo que más le sorprendió del reconocimiento de Yo soy Betty, la fea?
Que un género menospreciado como la telenovela, tuviera la capacidad de conmover a personas tan diversas, en innumerables rincones del planeta.
Un hecho que lo haya marcado
Tres: el nacimiento de mi hijo Dimitri y el de mis hijas Milena y Lucia.
Una deuda
Muchas, sobre todo luego de decidir no hacer televisión transgénica.
¿A quién soñó conocer y pudo hacerlo?
A Gabriel García Márquez. Tuve cuatro inolvidables encuentros con él en Moscú, en 1988. Mi tesis de grado está basada en su cuento En este pueblo no hay ladrones. Nunca la vio, pero sí vio El Embajador de la India, y le encantó.
¿Hasta cuándo las cámaras?
Hasta cuando pueda y me dejen narrar con ellas.
Después de años en el oficio, ¿qué le ha dejado la televisión?
Una convicción: lo que realmente funciona son las buenas historias contadas a través de personajes.
Una locura que haría si fuera presidente de un país
Reforestarlo totalmente.
Un acierto
A los 13 años de edad, sin ser invitado, haber pasado la puerta de un auditorio, donde un español «loco» enseñaba técnicas de actuación.
¿A qué hora se despierta y a qué hora se duerme?
Me duermo a las once y me despierto a las cinco y media.
Una embarrada como director
No haber logrado realizar varios guiones que desde hace mucho tengo escritos.
¿Qué extraña del día de ayer?
Mi maestro espiritual dice: el pasado ya pasó, el futuro no existe, preocúpate del aquí y del ahora.
¿Cómo lo llama su pareja cuando está enojada?
Ni me nombra.
¿Qué ha visto en Colombia que no haya visto en otro lado?
Un cóndor que vi siendo muy niño en la hacienda de mis padres, en Santander.
¿A quién no le recibiría un tinto?
A quién le lea la intención de darme veneno, en lugar de tinto.
Un pasatiempo
Caminar y caminar como orate suelto.
¿Aguardiente o whisky?
Vodka.
¿Para qué es bueno?
Para soñar.
Una verdad que le hayan dicho y que no le guste
Las verdades dichas con cariño no ofenden, lo que ofende es cuando se dicen con mala onda.
Si tuviera una máquina del tiempo, qué cambiaría de la historia de Colombia
Toda la absurda, estúpida, e infinita violencia que ha acompañado nuestra evolución.
Si tuviera una máquina del tiempo, ¿qué cambiaría de su vida?
Aprovecharía la máquina para viajar a otras dimensiones y luego volver siempre a esta
¿Qué no puede faltar en su maletín?
Un libro.
Un famoso que admire, ¿por qué?
A Miguel de Cervantes, por su maravillosa creación Don Quijote de La Mancha
Un noticia para leer una y otra vez
La salida de Gagarin por primera vez al cosmos, acompañada de su sonrisa y esa palabra mágica (Paiéjali ) ¡Nos fuimos!
Un triunfo que haya celebrado con euforia
Losdel ciclismo colombiano.
Un defecto suyo
Creer en todo el mundo.
Y una cualidad
Creer en todo el mundo.
La muerte ideal
No recuerdo mis reencarnaciones para escoger una de las partidas; pero estoy de acuerdo con Matías de Stefano, quien dice: lo más parecido a la muerte es el final de una obra de teatro, recibes los aplausos, se cierra el telón, te quitas el vestuario, y te vas con quienes te esperan, a celebrar…
¿A qué lugar se le va la mente cuando se distrae?
A la sensualidad, a la creatividad, a la alegría, a la tristeza.
En los cien años de Cromos, un recuerdo que tenga de la revista.
Las crónicas sobre la Vuelta a Colombia.
Fotos: David Schwarz