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“Creo que las próximas grandes voces de la literatura colombiana serán mujeres”, Héctor Abad Faciolince

El escritor colombiano lanzó hace un par de meses Angosta, su primer sello editorial.

Por Manuela Lopera *

12 de diciembre de 2016

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Una convocatoria y un taller de escritura sirvieron como laboratorio para el nacimiento de Angosta Editores, el proyecto que el escritor antioqueño lanzó hace dos meses en Medellín. “Yo había sido editor en dos ocasiones. De la revista de la Universidad de Antioquia y del Fondo Editorial de Eafit, pero nunca de una editorial privada y mucho menos propia”. 

 


Ahora, por primera vez, tomó el riesgo de hacerlo con sus recursos, una apuesta que hace consciente de las probabilidades de fracaso pero que emprende feliz: “Vamos a proponer libros que a nosotros nos gusten. Nuestro interés es puramente literario”. Y lo hace en estos tiempos de la firma de la paz como un acto de confianza en la cultura y en esa población lectora que está creciendo y que ve entusiasta en las ferias y festivales. 

 


Junto a Abad el equipo lo integran: José Andrés Ardila, el editor, Ana Katalina Carmona y Alexandra Pareja, su esposa. José y Ana Katalina fueron sus alumnos en el taller, y ahí descubrió el talento del primero, no solo para narrar, sino para analizar los textos. Ana Katalina se encarga de las comunicaciones y Alexandra de los números. 

 


La idea nació en 2015 y en octubre de este año se lanzó oficialmente, bajo el nombre de una de sus novelas más experimentales, con un libro que además pareciera una declaración de principios: La corriente, una recopilación de cuentos de Juliana Restrepo, otra de sus alumnas del taller. 

 


Aunque no eligió este texto desde una perspectiva de género, es un gran defensor de la narración femenina: “Tengo el oído muy afinado para la gracia lingüística de las mujeres, me gusta mucho esa inteligencia especial que tienen para hablar, para contar cosas y contarlas bien. No es una editorial feminista, pero la apertura hacia la literatura femenina es total porque confío y creo que las próximas grandes voces de la literatura colombiana serán mujeres”.

 


Juliana estudió Física en la Universidad de Antioquia y tiene un doctorado de la Université Pierre et Marie Curie de París, donde vivió siete años. Actualmente es profesora universitaria y durante el tiempo del taller escribió, sin saber cuál sería su destino, los relatos que forman parte del libro publicado por Angosta. Su escritura es un torrente muy oral “consecuencia de cómo escribo mis diarios, de la cabeza al papel”. En sus cuentos habita una mirada propia, exuberante, llena de energía, como es ella. No hay filtro, solamente una cadencia, un ritmo que persigue consciente de una musicalidad natural a través de la que va contando experiencias marcadas por una profunda sensibilidad femenina. De formación académica, insiste en que en ella estos dos universos no se cruzan. Es una cuando dicta clase y es otra frente al papel. Se vale del lenguaje con una gran libertad creativa para desatar las fuerzas de lo metafísico que la habitan: sus cuentos son retratos vivos, llenos de diálogos cortos y crudos, recreados en atmósferas en las que el lector, básicamente, siente.

 


El primer paso que dieron con La corriente fue para coger impulso: solo han pasado dos meses y ya se preparan para lanzar una nueva publicación: Quisiera que oyeran la canción que escucho cuando escribo esto, de Manuela Espinal.

 


En el taller casi todos eran jóvenes, una experiencia que para Héctor fue muy estimulante, se nutrió de su entusiasmo. En sus propias palabras, fue “una especie de vampiro”. La experiencia fue similar a los tratamientos experimentales con transfusiones de sangre joven como respuesta para prevenir enfermedades y atajar las consecuencias del paso de los años. “Yo fui un poco vampiro porque me nutrí de sus historias y de las ganas de leer que tenían. Descubrí que hay gente muy apasionada con la escritura y la lectura. Al final los tuve que echar porque no se iban”. 

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El propósito es conquistar a esos lectores. Sin olvidar a los mayores, hay un interés en atrapar un público “con sed de libros nuevos”. Y sabe que para que ese placer dure hasta la vejez hay que estimularlo pronto. Se trata de hacer libros con calma, de tomarse el tiempo de elegir buenos textos, pensar en el diseño, de encontrar nuevos autores, jóvenes o viejos, pero ojalá inéditos. También quiere publicar algunos clásicos, el propósito es armar una especie de “pequeña biblioteca que se parezca a la que a mí me hubiera gustado tener cuando tenía 20 años”. 

 


Todo está calculado para poder trabajar algunos años sin tener el ojo puesto en lo comercial. Angosta Editores nació un poco como respuesta a un rechazo: “El malestar por la negativa de otra editorial ante una antología que había armado del taller, terminó siendo un estímulo”, Abad pensó que no estaban reconociendo su calidad. “Algún día lo publicaré yo mismo”, se prometió. “Como una revancha, casi”. Como un acto de resistencia, también. 

 

 

Fotos: César K-rrillo.

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