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El día que rectificaron a García Márquez

El periodista hace memoria en 'El Tiempo por cárcel', libro que reúne sus conversaciones con el escritor payanés Juan Esteban Constaín.

Por Carlos Torres

21 de abril de 2016

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A Roberto Pombo no le cuesta despertarse a las  5:30 a.m. A esa hora, dice él, la cosa empieza a moverse.  La cosa a la que se refiere es el periodismo. A estas alturas, hoy, es imposible ver a Roberto a secas, sin el crédito de periodista. El oficio lo ha llevado a dirigir uno de los diarios más importantes del país. Para bien o para mal, de su trabajo no se puede desligar ni siquiera cuando sale de su despacho, ni mucho menos mientras duerme. Es que hasta el día que dejen de moverse las cosas en el mundo, tendría que haber  alguien en una redacción que lo informe.  “A medida que se ha sofisticado la tecnología, son 24 horas del día metido, está uno en una dinámica en la que es difícil separar la vida particular del oficio”, dice Roberto, un hombre que da la sensación de andar peleado con su cabellera, que tiene ahí, al borde del despeluque.

Justamente de su labor periodística trata El tiempo por cárcel, un libro-conversación en el que su voz se cruza con la del escritor Juan Esteban Constaín. Publicado por la editorial Debate, la charla de Pombo con el autor de El hombre que no fue jueves dura 276 paginas. En ellas repasa su larga trayectoria, con la situación política del país como contexto:

“La redacción de Cromos era una delicia, muy vital. Bueno: tanto, que la directora era Margarita Vidal, que lo hacía muy bien en medio de las presiones políticas y los egos que le tocaba manejar. Me acuerdo de que una vez sufrió muchísimo por un artículo que hice y que enfureció a Alfonso López Michelsen: estaba yo en Suba haciendo no sé qué, y me encontré con una viejita chuchumeca y encantadora, un personaje, que me dijo que ella había criado al presidente López. Pero me lo dijo con tanta convicción que yo no solo le creí sino que además le hice un reportaje larguísimo con un titular a varias columnas que decía Yo crié a López Michelsen, y una foto de la viejita allí sonriente y desmuelada. López, claro, se enfureció y llamó a Margarita a decirle que cómo un periodista de la revista se atrevía a escribir una cosa tan ofensiva y tan vulgar. La pobre Margarita, que adoraba a López, tenía el problema de que había sido, y era, una de las grande defensoras de Belisario, entonces le tocaba lidiar con las rabietas y reclamos de todos sus amigos”.

Roberto lleva despierto un puñado de horas. A las 11:30 a.m. recibe a CROMOS en su casa. Va a hablar de su pasado, que lo tiene fresquito, con los colores de entonces. Habla como si lo hubiera recuperado del fondo de algo. 

Un recuerdo de su paso por Cromos.

Había un pocotón de locos, estaba Margarita, el poeta Nicolás Suescún, Fernando Jaramillo, Toño Morales y estaba Serrano de fotógrafo. Me acuerdo que cubrí un Miss Universo al que fue Susana Caldas de señorita Colombia. Yo hice unos freelance en la revista, donde hice una cosa que me costó sangre, de una señora que dijo que había criado a López Michelsen.

En 1980 publicó la crónica Una radionovela de García Márquez.

Fue una señora barranquillera llamada Olga Salcedo de Medina, escritora censurada en su momento, quien había escrito una novela llamada Se han cerrado los caminos. Nunca la leí y resulta que García Márquez hizo la adaptación a radionovela entre 1947 y 1948. Estuve tras los audios y nunca los encontré. La historia me la había contado Germán vargas y, cuando ya estaba en Bogotá, busqué a la señora. Me acuerdo que ella murió no mucho tiempo después de aquella entrevista.

En El tiempo por cárcel sostiene que Gabriel García Márquez no hubiera sido el escritor y periodista que fue sin el Grupo de Barranquilla. Lo mismo podría decirse de Roberto Pombo sin la influencia de Germán Vargas…

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En este libro le hago un reconocimiento a la familia Vargas, sobre todo a Germán. Gracias a él pude ir a la costa, para estar cerca  de su gente.

Su esposa, Susi Linares, era profesora en el colegio Refous, donde yo estudiaba. Y luego coincidí en la universidad con Darío Vargas y, a través de él, llegué a Germán. Cuando se pensionó de Inravisión y se acabó la revista Alternativa, se fue para Barranquilla con el compromiso de llevarme y así lo hizo.

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Una anécdota suya como redactor de El Heraldo.

Un día llamó un señor a rectificar a García Márquez, porque el señor decía que Francisco el Hombre sí había existido, que era su abuelo, el viejo Pacho Rada, de la dinastía de los músicos de El Difícil, Magdalena. El tipo, con toda la seriedad del caso, explicó que él había crecido con la historia del abuelo que había tenido un duelo de acordeón con el diablo y le había tocado un avemaría al revés. La rectificación fue hecha y publicada.

 

El Tiempo por cárcel

Roberto Pombo

Editorial Debate

$45.000

 

Foto: Daniel Álvarez. 

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